Quando llegó aqui a San 

Lorenço esta postrera vez , auia mejo- 

rado vn poco destas llagas, que todo 

el inuierno y verano de antes le auian 

afligido grauemente […] 

 Despues de auerle fatigado siete 

dias continuos las fiebres que sobreui 

nieron à tantos ages, quando auia de 

hazer alguna indicacio la naturaleza, 

q' por esso llaman criticos à estos dias 

nuestros medicos, asado y consumido 

del fuego maligno que le tenia ya en 

los huesos, arrojò en el muslo encima 

vn poco de la rodilla derecha, vna apo 

stema de calidad maligna, que fué cre 

ciendo y madurando poco a poco con 

dolores muy grandes, porque aunque 

procuraron los medicos resoluerla co 

los mejores remedios que supiero, no 

fue ninguno bastante: porque a mi jny 

zio no venian estas llagas por sola la 

fuerça del mal humor corrompido, si- 

no embiados de aquella mano que vsa 

de todo lo criado, como de instrume- 

tos con que se haze su voluntad. Sen- 

tialo assi el buen Filipo, y leuantando 

los ojos dezia con la boca y con el co- 

raçon, aquellas ternissimas palabras q' 

dixo su Rey y Señor en el Huerto: Pa- 

ter non mea sed tua voluntas fiat, que

por auerlas repetido tan inumerables 

vezes, creo le eran singular aliuio de 

todas sus miserias […] 

 Como no se pudo resoluer esta apos- 

tema y vino a madurar, fue forçoso a- 

brirla con yerro, que por ser en lugar 

tan peligroso y sensible (era de temer, 

y todos temiero no se quedasse muer- 

to en el tormento […] 

 Antes que le abriessen se auia co- 

fessado, y aparejadose como para mo- 

rir, y le mandò a su confesor el padre 

fray Diego de Yepes, que en el en- 

tretanto que estaua en el tormento, 

le leyesse la passion de San Mateo, 

consideracion llena de piedad, con- 

sejo de gran santidad y exemplo […] 

 No passò de vna vez este tormento, 

porq' cada vez que le curauan, como 

era necessario traer la materia de 

muy lexos, geringaua y exprimia la lla- 

ga para sacársela. Salia entre mañana y 

tarde dos escudillas de podre, ocasio de 

grauissimos dolores […] 

 Desta 

lastimera cura le sobreuino a nuestro 

Rey otro trabajo grande, que aun 

para pensarlo es penoso. Como esta- 

ua tan lastimado con esta herida y a- 

bertura, y con las bocas por donde
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