abierto por su primera página. A la derecha 
aparecía el texto completo del primer versículo de 
la Biblia: «Au commencement crea Dieu le ciel et 
la terre» .«En el principio creó Dios el cielo y 
la tierra».. A la izquierda, en el verso de la 
portada, una iluminación mostraba a un 
pantocrátor, con la mandorla y los ángeles, 
pintado todo de tal forma que por un momento 
creí estar viendo el pantocrátor, la mandorla y los 
ángeles simbolizados en el ojo derecho de 
Dios (1), en el panel central de El jardín de las 
delicias. Por tratarse de una iluminación menor 
dentro de una iluminación mayor la resolución no 
era suficiente como para poder apreciar los 
pequeños detalles. Aun así, sí que se podía 
distinguir perfectamente la mandorla azul que 
rodeaba al pantocrátor. De entre las decenas de 
mandorlas que había visto, ninguna como aquella 
llegaba a ser tan similar a la que el Bosco sugería 
en el panel central de El jardín de las delicias. En 
la parte alta de la iluminación me pareció ver dos 
ángeles subidos a la mandorla, en el mismo sitio 
que sus personajes homólogos de El jardín de las 
delicias. Respecto al pantocrátor de la 
iluminación, el Bosco parecía recurrir a la 
abstracción e incluso al surrealismo para incluirlo 
en el panel central de su tríptico, con una 
precisión que alcanzaba incluso a los colores. La 
comparación de ambas imágenes era digna de ver. 
No podía probar que el Bosco hubiera conocido

esta iluminación, ni mucho menos que se hubiera 
basado en ella para pintar lo que solo yo suponía 
que era un pantocrátor, pero mi corazón me decía 
a gritos que algo así debía de haber sucedido; 
porque la sensación que se experimentaba al 
comparar las dos imágenes no se podía describir 
con palabras, pues hablaba por sí sola. Había que 
contemplar las dos imágenes al mismo tiempo 
para ser testigo de ese mágico momento, el de ver 
al Bosco en estado puro. 

Y si de piedra me dejó la primera imagen del 
manuscrito, la segunda, además, tambaleó los 
cimientos de mi razón 2595: «¡No puede ser!», 
repetía para mí mientras comparaba el panel 
central de El jardín de las delicias con la 
iluminación, que mostraba a un pantocrátor 
rodeado por una mandorla de cuatro lóbulos, con 
los cuatro apóstoles y sus símbolos animales .el 
tetramorfos. situados en las esquinas. Lo que mi 
subconsciente parecía percibir ahora era que las 
cuatro construcciones y la fuente del panel central 
del tríptico del Bosco simbolizaban, además, a los 
apóstoles rodeando al pantocrátor, y que la 
gigantesca figura hueca del panel derecho y el 
enorme pájaro bajo ella también simbolizaban a 
Juan el Evangelista, autor del Apocalipsis, y a su 
animal asociado, el águila, que firmaban así su 
propia obra. Parecía como si el Bosco deseara 

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