
mano la Victoria es bastante más difícil, si no imposible. Victorio Macho fue el primer escultor en dedicarle un monumento a Galdós en Las Palmas, en el muelle de la ciudad, en 1930: en la escultura, hoy conservada en la Casa-Museo Pérez Galdós 2527, el novelista parece nacer de la piedra que le da forma, o bien volver a ella. Así son, en esencia, el hombre y la tierra, como el hijo y la madre, de cuyo vientre surge el hombre al nacer y a cuyo vientre vuelve al morir. 2527 casamuseoperezgaldos:[galería] 2528 wiki google:mapa Mi intuición asociativa no pudo evitar volar hasta el Bosco a través de otra escultura de Victorio Macho, situada en lo alto del número 602528 de la Gran Vía: «Por encima de mi cabeza está el templo que sostengo con mis manos», parece decir la escultura con su pose. Así posaban las fuentes en El jardín de las delicias, miradas del revés. Al pensar en la dirección del edificio, de inmediato vino a mi memoria la cubierta de la guía urbana de Madrid que tenía en casa, guía que ya andaba desgastada de tanto uso: sobre el mapa impreso en la cubierta flotaba el escudo de la ciudad de Madrid, con el oso y el madroño, justo encima del número 60 de la Gran Vía, en la esquina superior izquierda. Me detuve un momento. De alguna forma tenía que poner fin a esta incontrolable cascada mental

de aparentes coincidencias que me impulsaban a ver todo tipo de extrañas relaciones sin importar donde pusiera los ojos. Qué mejor sitio .pensé. para una cura de urgencias que el Museo Reina Sofía, ese hospital reconvertido en museo. Sólo con una sesión intensiva de cubismo-terapia podría eliminar esta inexplicable tendencia, cuasi enfermiza, que a todo le sacaba punta y relación con el tríptico del Bosco. En buena hora se me ocurrió entrar en el Reina Sofía. Fue peor el remedio que la enfermedad, que se agravó con el remedio. Al acceder por un lateral a la sala que da acceso al Guernica, encontré que habían cambiado de sitio todas las obras. Casi me caigo al suelo del susto. Saqué el mapa, recorrí las tres salas que albergaban obras del Legado Picasso de 1981. No me lo podía creer: todas las obras habían cambiado de lugar, todas menos el Guernica. Hasta los tabiques habían cambiado de sitio.