bajo mi cuerpo los temblores del principio. Pensé 
en los personajes de El jardín de las delicias. Me 
di la vuelta por ver qué había sido de ellos. Y 
entonces vi rebobinarse en el tiempo a velocidad 
de vértigo todo lo que había sucedido a mi 
alrededor, como si alguien hubiera dado marcha 
atrás al reloj de la existencia. Y la luz se convirtió 
en cegadora. Y tuve que cerrar los ojos. Y sentí 
como si tiraran de mi cuerpo hacia delante y lo 
hicieran regresar a su posición primera, en 
vertical, frente al tríptico. Y escuché el mismo 
sonido atronador del principio, pero a la inversa, 
como si el tríptico se hubiera cerrado y vuelto a 
abrir. 

Cuando abrí los ojos me vi de pie en la sala 
56A, solo, como en un principio, delante de El 
jardín de las delicias. La Mesa de los pecados 
capitales estaba en su lugar habitual. Todo estaba 
en su lugar habitual. De inmediato salí corriendo 
de la sala y no paré hasta que di con un grupo de 
visitantes, sorprendidos al ver mis prisas y cara de 
espanto. Aún nervioso, entré en los lavabos, abrí 
un grifo y allí metí la cabeza. Las manos me 
temblaban descontroladamente. Me faltaba el aire. 
Tenía que salir del Prado. 

Fui directo a la salida. Llevaba la camisa 
empapada de agua. La bocanada de aire caliente 
que recibí cuando se abrió la puerta automática 
del museo terminó de devolverme a la realidad. 
El calor en el exterior era sofocante.

 Caminé un poco. Me paré en la explanada 
frente a las taquillas y contemplé .algo más 
calmado. la fachada del museo. ¿Qué me había 
ocurrido allí dentro? No lograba explicármelo. 
Me resultaba imposible admitir que había visto lo 
que había visto. Era absurdo pensar que había 
pasado por todo aquello. Definitivamente, tuvo 
que ser una mala jugada de mi imaginación. No 
había otra opción, sólo podía ser eso, ni más ni 
menos, una especie de sueño que mi imaginación 
había construido mientras contemplaba el tríptico. 
Pero, ¿cómo era posible algo así? No tenía ni la 
más remota idea. En cualquier caso, no debía 
pensar más en ello. 

EN EL REINA SOFÍA 

Sin quitarle ojo a la fachada del museo bajé por 
el paseo del Prado dirección a la glorieta de 
Atocha. Al llegar a la plaza de Murillo, donde 
finaliza el Prado, me tuve que detener 
estupefacto: en la cúspide de la fuente que ahora 
tenía frente mí, un tritón apretaba contra su pecho 
a un pez de cuya boca manaba el agua. Continué 
mi camino. Llegué al final del paseo y lo crucé. 
Contemplé la fuente de la Alcachofa y el grupo 
escultórico La Gloria y los Pegasos 2524, situado en 
lo más alto del Ministerio de Agricultura, al otro 
lado de la plaza, en dirección a la puerta del 

2524 madripedia google:mapa
17 -2 -1 -1 +1 +1 +2 17 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.madripedia.es/wiki/La_Gloria_y_los_Pegasos http://maps.google.com/maps?f=q&hl=en&geocode=&q=madrid&sll=37.0625,-95.677068&sspn=38.144864,56.25&ie=UTF8&layer=c&cbll=40.408805,-3.692334&panoid=RdlZoXAaVXk7aSjEmKn-Nw&cbp=1,100.66013800624944,,1,1.649999634178755&g=madrid&ll=40.417907,-3.69119