inscripción que dice: «Si entras, mira que estés 
lleno de fe» .«Di ua qui veus dedens moi entrer 
garde que tu soies plains de foi».. Nascien se 
para, piensa, y, tras hacer la señal de la cruz con 
su mano derecha, entra y allí se encuentra con la 
cama más rica que jamás haya visto. El autor 
hace aquí un alto en su relato para desvelar la 
historia de la cama y del barco. La historia se 
remonta a Adán y Eva, al fatídico momento del 
pecado que supuso su destrucción y la nuestra. El 
autor retrocede en el tiempo hasta el instante en el 
que Eva arranca una rama de la que pende el fruto 
prohibido y come de él .«lesracha de cel arbre 
meisme . j . rainsel auoec le fruit»., y luego se 
lo ofrece a Adán, que también come de él. Adán y 
Eva son expulsados del paraíso y condenados a 
vivir y parir con sufrimientos. En su destierro, 
Eva planta la rama, que ahora adquiere un nuevo 
significado: igual que se perdió la vida a través de 
una mujer, la vida se restaurará a través de otra 
mujer. La rama arraiga en la tierra, crece y da 
forma a un árbol blanco, que el texto 
implícitamente relaciona con la virgen María 
.«uirgene marie».. Y de nuevo vi el texto 
proyectado en El jardín de las delicias: si el árbol 
prefiguraba a María, el fruto del blanco árbol 
había de prefigurar a Jesús. 

Pero L.Estoire del Saint Graal aún deparaba 
más sorpresas. La historia proseguía con Adán y 
Eva. Bajo el árbol, ya crecido, Adán y Eva se

lamentan de sus infortunios y lloran. Es entonces 
cuando, en este estado de ánimo, Eva le pone 
nombre al árbol, un nombre muy significativo, 
pues no podía sino confirmar su conexión con El 
jardín de las delicias: Eva bautiza al árbol con el 
nombre de «los árboles de la muerte» .«li 
arbres de la mort».. Tuve que releer el párrafo 
porque no daba crédito a mis ojos. Estas simples 
palabras parecían erigirse ahora en claves 
destinadas a la interpretación del panel derecho 
del tríptico del Bosco, confirmando con ello, con 
una rotundidad inverosímil, la intencionalidad del 
pintor, su deseo de fusionar en una sola figura 
varios simbolismos, entre los cuales estaría el 
cuarto jinete del Apocalipsis, también llamado 
Muerte. Pero la historia aún daba más de sí. 
Después de que Eva le pusiera nombre al árbol, 
se escuchó una voz que, desde el Cielo, corrigió a 
Eva: el árbol había de llamarse «el árbol de la 
vida» .«larbre de vie»., por la buena nueva 
que anunciaba. Quedé tan sorprendido que 
durante unos minutos no hice más que contemplar 
la figura hueca, en la reproducción digital del 
Museo del Prado, hipnotizado ante la complejidad 
conceptual de aquella representación, tan 
fascinante y poliédrica. Sólo la pintura podía 
lograr algo así, como Picasso lo hizo en el 
Guernica. De entre todas las conexiones que 
enlazaban L.Estoire del Saint Graal con El jardín 
de las delicias ninguna como las de este pequeño
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