pasaje : la relación entre el texto y la figura hueca, 
en el Infierno de El jardín de las delicias, no 
podía ser más evidente. La coincidencia llegaba 
hasta el detalle de hacer sangrar la arbórea pierna 
de la figura hueca, simbolizando con ello la 
sangre que en el relato también brotaba de un 
árbol. La exposición de estos hechos era clara y 
concisa, y debía de ocupar no más de dos o tres 
páginas en los manuscritos. Una vez más, un 
sueño parecía inspirar el universo pictórico del 
Bosco. 

En el texto, José de Arimatea continúa su 
interpretación diciendo: «Sólo hay un Dios, un 
Dios en tres personas, igual que los tres árboles 
eran en realidad sólo uno» .«vne seule deite & 
vne deite en . iij . persones par les . iij . arbres & 
non pas lune mendre de lautre ne grignor»., «el 
Padre creó todas las cosas, y el Hijo vino a la 
tierra para salvar a la humanidad, y el Espíritu 
Santo vino a la tierra en el día de la Ascensión 
para purificar a sus discípulos». 

Otra de las historias que me llamó la atención 
fue la del arca. Después de ser liberado por 
Vespasiano, José de Arimatea se dirige con su 
gente hacia el desierto, donde escucha la voz de 
Dios, que le ordena construir un arca de madera 
en la que guardar el recipiente .«escuele». : 
sólo José o su hijo podrán ponerse en 
comunicación con Dios, y sólo ellos podrán tocar 
el recipiente. Más adelante, en la noche en que

Evalac tiene el sueño, José, que tampoco puede 
conciliar el suyo, reza a Dios y le pide que ayude 
a Evalac a entender los misterios divinos. Dios 
escucha la plegaria y habla a José. Le dice que a 
la mañana siguiente él y su gente han de rezar 
ante el arca; porque entonces se producirán 
sucesos jamás vistos. A la mañana siguiente, 
mientras todos rezan ante el arca, suceden 
grandes temblores y relámpagos y se escucha la 
voz del Creador, que le ordena a José abrir el arca. 
Lo que José ve al abrir el arca es, por así decirlo, 
la iconografía tradicional asociada a la misa de 
San Gregorio, al Varón de dolores rodeado de los 
Arma Christi. José ve al Salvador rodeado por 
cinco ángeles que portan los símbolos de la 
Pasión, como la cruz, roja como la sangre, o los 
tres clavos sangrantes, o la lanza, con el hierro 
también ensangrentado. Luego ve a Jesús 
crucificado, y cómo la lanza se le clava en el 
costado, y cómo fluye la sangre hasta el 
recipiente. El cuerpo de Cristo parece 
desprenderse de la cruz y caer inerte hacia delante. 
José se abalanza sobre el arca para evitarlo; pero 
los ángeles le detienen. La escena me dejó 
estupefacto. Me recordó a mí mismo veinticuatro 
horas atrás, ante El Descendimiento, de Roger 
van der Weyden, una obra en la que daba la 
impresión de que Cristo se caía hacia adelante, 
algo que sin duda ocurriría de no ser porque allí 
estaba José de Arimatea para evitarlo.
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