En la mañana del domingo de Pascua el libro 
ha desaparecido. Una voz le consuela; pero 
también le dice que ha de sufrir antes de poder 
recuperarlo. El autor emprende un largo viaje. 

Durante el viaje se encuentra con una de las 
fuentes más maravillosas del mundo, una fuente 
que cambia de color tres veces al día: «Desous cel 
pin auoit vne des plus beles fontaines del monde . 
En cele fontaine auoit grauele ausi rouge comme 
fu & ausi ardans . & liaue estoit ausi froide 
comme glace & cangoit sa color . iij . fois le oir . 
Car ele deuenoit uerde & estoit amere comme la 
grande mer». 

Más adelante, en otro momento del viaje, el 
autor encuentra el libro en una capilla, sobre un 
altar. Luego, mientras duerme, tiene un sueño, en 
el que recibe como instrucciones que ha de 
dirigirse todos los días a una fuente a los pies de 
un montículo, porque allí recibirá sus alimentos. 

El autor da por concluido su viaje y decide 
volver a casa. Tras su regreso se le aparece de 
nuevo Jesucristo, que le ordena hacer una copia 
del pequeño libro. El lunes, después de misa, el 
autor comienza la copia por el relato de la 
crucifixión de Jesucristo y la historia de José de 
Arimatea. 

Así comenzaba L'Estoire del Saint Graal, con 
este preámbulo, redactado en apenas unos folios 
del grueso volumen. Aun así, las menciones al 
pequeño libro y a su copia ya me sugerían

imágenes de El jardín de las delicias. Y qué decir 
de las constantes referencias a las fuentes, y en 
particular a la fuente relacionada con los 
alimentos. La fuente de los tres colores me 
recordó las tres fuentes del tríptico del Bosco: a la 
izquierda, la fuente roja, cálida como el fuego; a 
la derecha, la fuente blanca, fría como el hielo; en 
medio, entre verdes prados, la fuente del color de 
la mar. Incluso el fuego y el hielo se integraban 
perfectamente en el juego de conceptos opuestos 
que el Bosco establecía entre los dos paneles 
laterales. 

Seguí ojeando L.Estoire del Saint Graal. No 
tardé mucho en encontrar algunas historias que 
encajaban de forma sorprendente en El jardín de 
las delicias. Una de ellas ocurría tras el relato que 
José le hacía al rey Evalac. Tras hablarle de la 
vida de Jesús, José trata de explicarle a Evalac el 
concepto de la Santísima Trinidad; pero Evalac es 
incapaz de comprenderlo. Tantas vueltas le da 
Evalac a esa idea en su cabeza, que por la noche 
le invade un extraño sueño. Más adelante, ya 
bautizado con el nombre cristiano de Mordrain, 
Evalac le cuenta el sueño a José y le pide que se 
lo interprete. José le dice que los tres árboles 
iguales que ve en su sueño representan a la 
Santísima Trinidad, ya que el árbol es el símbolo 
de Cristo, e inmediatamente se refiere a la historia 
de la muerte y descenso a los infiernos del 
Salvador. Ni que el Bosco hubiera leído este
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