«no pueden resistir la deslumbradora claridad», 
quedan sobrecogidos de espanto. «¿Quién eres tú, 
tan pequeño y tan grande? ¿Quién eres tú en cuya 
muerte ha temblado toda criatura», exclaman con 
rabia impotente la Furia y Satanás. «Y entonces el 
Rey de la Gloria aplastó a la Muerte bajo sus pies, 
y tomando a nuestro primer padre atrajo a Adán a 
la claridad de su luz». 

Quizá mi subconsciente estuviera creando 
relaciones donde no las había, entre los textos y 
El jardín de las delicias. O quizá no, quizá tales 
relaciones fuesen reales, influencias que el texto 
tuvo sobre la mente artística del Bosco. Cómo 
saberlo. Ni siquiera sabía si el Bosco había leído 
el Evangelio de Nicodemo. En cualquier caso, 
sentía que el texto dirigía con naturalidad mis 
pensamientos en esa dirección, enriqueciendo la 
contemplación de la obra. 

En el siguiente capítulo, el Evangelio de 
Nicodemo insistía en mencionar la mano de Jesús, 
y en particular su mano derecha. Hasta el profeta 
David exclamaba: «su mano derecha nos ha 
salvado». La escena transcurría en los Infiernos, 
tras la victoria de Jesús sobre la Furia y Satanás. 
En El jardín de las delicias también aparecía la 
mano derecha de Jesús, en el paraíso y en infierno, 
la primera explícita, la segunda reflejo ajusticiado 
de la primera, ambas en la misma actitud de 
bendición. En este capítulo también se hacía 
especial hincapié en otro gesto: el de Jesús

tomando de la mano a alguien. Jesús tomaba de la 
mano a Adán en dos ocasiones. En la última lo 
hacía para levantarse y abandonar definitivamente 
los Infiernos, acompañado de Adán y todos los 
santos. El gesto de tomar de la mano a alguien ya 
había aparecido en capítulos anteriores, con Jesús 
y José de Arimatea como protagonistas, aunque 
lo realmente curioso era que también aparecía en 
los paneles izquierdo y central de El jardín de las 
delicias, donde también encerraba un importante 
simbolismo. 

El relato de Carino y Leucio concluye con la 
llegada de todos al paraíso. Tras entregar su 
testimonio por escrito a los sacerdotes, Carino y 
Leucio se transfiguran y no se los ve más. Poco 
después, Pilato escucha esta historia de boca de 
José de Arimatea y Nicodemo. De inmediato, 
Pilato se traslada al templo, donde ordena llamar 
a sacerdotes, escribas y doctores de la ley. Pilato 
les exige que le confirmen o desmientan si 
.según las escrituras. Jesús, «a quien habéis 
crucificado», es el Hijo de Dios. No sin pesar, los 
judíos confirman la santidad Jesús, el verdadero 
Cristo. El evangelio concluye en el capítulo 
siguiente, capítulo treinta, con la carta que Poncio 
Pilato envía al emperador Claudio Tiberio César 
relatándole lo sucedido.
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