sinagoga. Al poco lo hace José, al que apresan y 
amenazan de muerte. José responde: «Vuestras 
palabras son semejantes a las de Goliath el 
soberbio, quien se levantó contra el Dios vivo y a 
quien hirió David. Dios ha dicho por la voz del 
profeta: Me reservaré la venganza». Estas y otras 
palabras encolerizan a los judíos, que encierran a 
José en un calabozo sin ventanas, totalmente a 
oscuras, ponen guardias a su puerta y la sellan 
con el sello de Anás y de Caifás. Pasado el 
sábado, Anás y Caifás ordenan traer a su 
presencia a José. Al abrir el calabozo no hay 
nadie dentro: José ha desaparecido. El estupor es 
total. Anás y Caifás se retiran. Al rato entra en la 
Sinagoga uno de los soldados encargados de 
vigilar el sepulcro de Jesús. El soldado, aún 
aterrorizado, les comunica que han visto a un 
ángel quitar la piedra que cerraba el sepulcro, y 
que han oído al ángel decir a unas mujeres que 
Jesús había resucitado y se dirigía a Galilea. El 
temor se apodera de todos los presentes, que 
pagan a los soldados para que no cuenten a nadie 
lo que han visto. Entran en la Sinagoga, 
procedentes de Galilea, un sacerdote, un maestro 
y un levita que afirman haber visto a Jesús 
hablando con sus discípulos en el monte de los 
Olivos y luego ascender a los cielos: 
«Cometeríamos un pecado si callásemos ambas 
cosas», dicen. Los príncipes de los sacerdotes se 
levantan en seguida. Ordenan a estas tres

personas no decir nada de lo que han visto: 
compran su silencio con una elevada suma de 
dinero. Anás y Caifás restan importancia al 
suceso: «¿Es que vamos a creer lo que digan los 
soldados?». Nicodemo interviene en este punto 
del debate. Propone enviar a un grupo de hombres 
que recorran las montañas en busca de Jesús. 
Todos aceptan la propuesta. El grupo parte. 

El grupo regresa sin haber encontrado ningún 
rastro de Jesús. A quien sí que han visto es a José, 
en la ciudad de Arimatea. Todos se alegran de la 
noticia e intentan encontrar la forma de hacer 
venir a José hasta ellos. Le escriben una carta de 
disculpa y se la hacen llegar por medio de un 
grupo de siete fieles amigos de José. El grupo se 
presenta ante José y le entrega la carta. José la lee 
y se llena de júbilo, da gracias a Dios y agasaja a 
sus amigos. Al llegar a Jerusalén, los judíos le 
reciben con efusivas muestras de cariño. 
Nicodemo le acoge en su casa, con gran honor y 
complacencia. Al día siguiente, Anás, Caifás y 
Nicodemo le piden a José que les cuente todo lo 
sucedido. Es entonces cuando José les cuenta los 
milagrosos sucesos que acaecieron dentro del 
calabozo en el que lo encerraron. José les dice 
que, mientras rezaba en la oscuridad de su celda, 
vio una figura como de hombre, «brillante como 
un relámpago» 2470. La figura lo tomó de la mano y 

2470 Mateo 24, 27 vatican:[español latín] latinvulgate biblos
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+24&version=RVR1995 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PUY.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_evang-matthaeum_lt.html#24 http://latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=1&c=24 http://biblos.com/text/matthew/24-27.htm