1547

caballero, a cambio de otorgarle una recompensa amorosa, «cabalgaban ahora al círculo de la Mesa Redonda». «Fuera del círculo alrededor de la mesa redonda se dispuso un espacio para los torneos. Por cortesía, nadie podía entrar a caballo en el círculo. El espacio era amplio y por él hacían galopar los caballeros a sus caballos, en pelotones, mostrando su destreza en el arte ecuestre. Las mujeres miraban complacidas […] En ningún prado se vieron unos labios más rojos que en aquel círculo». La descripción me dejó de piedra, pues la vi simbolizada en el panel central de El jardín de las delicias, más aún cuando a la descripción se le unían el amor y las delicias que fueron servidas en el banquete. En torno al numeroso grupo de mujeres situado en el centro del círculo que sugería la boca y los labios de la gigantesca cabeza (1), en El jardín de las delicias, cabalgaban los caballeros. Llega entonces una dama, Cundry, aunque con un mensaje distinto al que trajo la primera vez. Cundry entra en el círculo, saluda al rey Arturo y pide perdón a Parzival por las palabras que le dirigió en la última ocasión en que se vieron. Todos animan a Parzival a que acepte las disculpas. Parzival accede al ruego. Cundry transmite a todos un mensaje sorprendente: Parzival debe ser el rey del Grial, pues así ha aparecido escrito sobre la piedra. Condwiramurs, esposa de Parzival, y su hijo Lohengrin también

1548

han sido designados. Cundry dice a Parzival que su pregunta liberará al rey Anfortas de su sufrimiento. Luego «cita los siete planetas, en árabe», y dice a Parzival que todo lo que abarcan sus órbitas ha sido acotado para él, que ha llegado el final de sus penas y el comienzo de su alegría y felicidad. Parzival se congratula al escuchar el mensaje: «lágrimas de alegría brotan de sus ojos, desde la fuente de su corazón». Parzival se prepara para partir con su hermano hacia Munsalwäsche. Pero antes narra a los presentes lo que Trevrizent le dijo sobre el Grial: nadie puede conseguir el Grial luchando; sólo aquel que sea designado por Dios podrá llegar hasta él. La noticia se extenderá por muchos países, lo que motivará que muchos abandonen la búsqueda del Grial, que aun hoy permanece oculto. Finalmente, Parzival y Feirefiz parten hacia Munsalwäsche. El último libro, el decimosexto, comienza relatando el sufrimiento de Anfortas, tan extremo que «a menudo pedía que le dejaran morir». Nadie accedía a su ruego: todo lo contrario, le llevaban ante el Grial, donde por su enfermedad se veía obligado a abrir los ojos y mirarlo; y al hacerlo se prolongaba su vida y su agonía. «Yo os acusaré a todos cuando llegue el día del Juicio Final. Os arriesgáis a caer en el infierno, si no me dejáis morir 2449. Deberíais compadecerme por mis 2449 Apocalipsis 9, 6 vatican:[español latín] latinvulgate biblos

16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 147 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?book_id=73&chapter=9&version=6 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P115.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_apocalypsis-ioannis_lt.html#9 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=27&c=9 http://biblos.com/revelation/9-6.htm