caballero, a cambio de otorgarle una recompensa 
amorosa, «cabalgaban ahora al círculo de la Mesa 
Redonda». «Fuera del círculo alrededor de la 
mesa redonda se dispuso un espacio para los 
torneos. Por cortesía, nadie podía entrar a caballo 
en el círculo. El espacio era amplio y por él 
hacían galopar los caballeros a sus caballos, en 
pelotones, mostrando su destreza en el arte 
ecuestre. Las mujeres miraban complacidas […] 
En ningún prado se vieron unos labios más rojos 
que en aquel círculo». La descripción me dejó de 
piedra, pues la vi simbolizada en el panel central 
de El jardín de las delicias, más aún cuando a la 
descripción se le unían el amor y las delicias que 
fueron servidas en el banquete. En torno al 
numeroso grupo de mujeres situado en el centro 
del círculo que sugería la boca y los labios de la 
gigantesca cabeza (1), en El jardín de las delicias, 
cabalgaban los caballeros. 

Llega entonces una dama, Cundry, aunque con 
un mensaje distinto al que trajo la primera vez. 
Cundry entra en el círculo, saluda al rey Arturo y 
pide perdón a Parzival por las palabras que le 
dirigió en la última ocasión en que se vieron. 
Todos animan a Parzival a que acepte las 
disculpas. Parzival accede al ruego. Cundry 
transmite a todos un mensaje sorprendente: 
Parzival debe ser el rey del Grial, pues así ha 
aparecido escrito sobre la piedra. Condwiramurs, 
esposa de Parzival, y su hijo Lohengrin también

han sido designados. Cundry dice a Parzival que 
su pregunta liberará al rey Anfortas de su 
sufrimiento. Luego «cita los siete planetas, en 
árabe», y dice a Parzival que todo lo que abarcan 
sus órbitas ha sido acotado para él, que ha llegado 
el final de sus penas y el comienzo de su alegría y 
felicidad. Parzival se congratula al escuchar el 
mensaje: «lágrimas de alegría brotan de sus ojos, 
desde la fuente de su corazón». Parzival se 
prepara para partir con su hermano hacia 
Munsalwäsche. Pero antes narra a los presentes lo 
que Trevrizent le dijo sobre el Grial: nadie puede 
conseguir el Grial luchando; sólo aquel que sea 
designado por Dios podrá llegar hasta él. La 
noticia se extenderá por muchos países, lo que 
motivará que muchos abandonen la búsqueda del 
Grial, que aun hoy permanece oculto. Finalmente, 
Parzival y Feirefiz parten hacia Munsalwäsche. 

El último libro, el decimosexto, comienza 
relatando el sufrimiento de Anfortas, tan extremo 
que «a menudo pedía que le dejaran morir». 
Nadie accedía a su ruego: todo lo contrario, le 
llevaban ante el Grial, donde por su enfermedad 
se veía obligado a abrir los ojos y mirarlo; y al 
hacerlo se prolongaba su vida y su agonía. «Yo os 
acusaré a todos cuando llegue el día del Juicio 
Final. Os arriesgáis a caer en el infierno, si no me 
dejáis morir 2449. Deberíais compadecerme por mis 

2449 Apocalipsis 9, 6 vatican:[español latín] latinvulgate biblos
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 147 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?book_id=73&chapter=9&version=6 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P115.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_apocalypsis-ioannis_lt.html#9 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=27&c=9 http://biblos.com/revelation/9-6.htm