Europa, Asia y África». Trevrizent, 
evidentemente, no conocía a San Isidoro 2448. 

2448 wiki 

Quince días pasó Trevrizent con Parzival: 
Trevrizent cuidó de él y le absolvió de sus 
pecados. Un día, Parzival le preguntó por aquel 
anciano tras la puerta, aquel que Parzival había 
visto en el castillo de Anfortas. Trevrizent 
contesta que aquel anciano es Titurel, el abuelo 
de la madre de Parzival, el primer custodio del 
Grial. Una enfermedad incurable mantiene a 
Titurel postrado en una cama; porque no puede 
morir, pues ve el Grial a menudo, lo que basta 
para mantener con vida a cualquier persona. 

Pensé en la enorme figura hueca que el Bosco 
había pintado en el panel derecho de El jardín de 
las delicias. ¿Con qué personaje de esta historia 
podría identificarse? Quizá con Anfortas, que en 
el tríptico del Bosco aún parecía estar esperando a 
que Parzival le salvara. Más de un indicio 
apuntaba en este sentido: las barcas, la especie de 
hostia sobre su cabeza, la herida… La presencia 
de Anfortas en el panel derecho se justificaba por 
el pecado que había cometido. Además, Anfortas 
había sido herido en los genitales, lo que también 
se adaptaba a lo pintado en el panel. Y como 
consecuencia de la herida, Anfortas no podía 
cabalgar, ni andar, ni estar de pie, ni estar

tumbado: la figura hueca transmitía esa 
ambigüedad en la postura. 

Había que avanzar hasta el libro decimoquinto 
para encontrar el comienzo del final de la historia 
y, como colofón, en el decimosexto, la tan 
ansiada sanación de Anfortas. El decimoquinto 
libro comenzaba con una lucha, entre Parzival y 
Feirefiz, ignorantes ambos de que eran hermanos. 
En la justa, la espada de Parzival se rompe y 
Feirefiz, en un gesto de caballerosidad, da por 
concluido el combate. Los dos hablan y 
descubren su parentesco: «los ojos del pagano 
empezaron a manar agua». Parzival lleva a 
Feirefiz al campamento del rey Arturo. Parzival y 
Feirefiz cenan con Gawan y mandan un mensaje 
a la tienda del rey Arturo informándole de la 
buena nueva. El rey Arturo y los suyos no tardan 
en unirse a ellos; llegan cabalgando, 
«acompañados por la música de trompetas, 
tambores, flautas y gaitas». Todos se felicitan. El 
rey Arturo decide organizar una gran fiesta para 
honrar la llegada de Feirefiz, que acepta gustoso 
la invitación de convertirse en caballero de la 
Mesa Redonda. La fiesta comienza a la mañana 
siguiente. Se talla una mesa redonda, simbólica, y 
en un círculo entorno a ella se disponen asientos 
sobre la hierba, bien alejados de la mesa, a una 
distancia de una carrera. Se reúnen gentes de 
todas partes, de usos bien distintos. Las damas 
que en su momento aceptaron los servicios de un
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