tristeza a Anfortas, herido por su ansia de amor. 
Trevrizent, que aún desconoce la identidad de su 
interlocutor, le cuenta a Parzival la historia de un 
necio que, sin haber sido designado, llegó un día 
hasta el Grial y no preguntó a Anfortas por la 
razón de su sufrimiento. Es entonces cuando 
Trevrizent le pregunta a Parzival quién es. 
Parzival responde que es hijo de Gahmuret. 
Trevrizent reconoce a Parzival y exclama: «¡Oh, 
mundo! ¿Cómo puedes hacer algo así?». 
Trevrizent informa a Parzival de que Herzeloyde, 
su hermana, murió de tristeza cuando Parzival la 
abandonó. «¡Qué decís! .exclama Parzival, 
atormentado. Ni ser el rey del Grial me serviría 
ahora de consuelo». El ermitaño aún no sabe que 
Parzival fue aquel necio que no preguntó a su 
hermano Anfortas por la razón de su sufrimiento, 
de ahí que relate a Parzival la historia completa 
de Anfortas, al que «una lanza envenenada 
atravesó los testículos y nunca más sanó»; y de 
ahí que también le cuente cómo dejó las armas, 
con la esperanza de que Dios ayudara a su 
hermano, y cómo se probaron sin éxito sobre la 
herida de Anfortas todos los remedios conocidos, 
hasta que un día la desesperación les hizo caer de 
rodillas ante el Grial. Fue aquel día cuando sobre 
la piedra .el Grial. vieron escrito que hasta 
ellos llegaría un caballero: si preguntara a 
Anfortas por su sufrimiento, lograría sanarle de 
inmediato y Anfortas tendría que abdicar como

rey del Grial en favor del caballero. Pero nadie 
podía avisar de estas condiciones: si el caballero 
no preguntara durante la primera noche, la 
pregunta perdería su poder. Y como el caballero 
que llegó no realizó la pregunta, a todos hizo 
desgraciados. Durante este relato de Trevrizent, 
Parzival ha permanecido callado, sin desvelar que 
aquel caballero era él. En este punto salen los dos 
en busca de hierbas y raíces para comer: las lavan 
en donde mana la fuente. Es tras la comida 
cuando Parzival le revela a su anfitrión que fue él, 
Parzival, quien estuvo ante Anfortas y no realizó 
la pregunta, lamentando ahora su grave error. El 
ermitaño se lleva un nuevo disgusto; pero se 
repone e intenta, con la ayuda de Dios, ayudar 
también a Parzival. Trevrizent le explica a 
Parzival cómo los astros influyen en la herida de 
Anfortas, y cuál es la utilidad de la lanza, que 
«tenía que ponerse en la herida para aliviar el 
dolor, razón por la que aparecía ensangrentada», 
o la de los «dos cuchillos de plata que forjó el 
sabio Trebuchet». Parzival escucha estas 
palabras; relata cómo llegó hasta Anfortas. El 
ermitaño continúa hablando del Grial. Le cuenta a 
Parzival que «los que sirven al Grial deben 
renunciar al amor de las mujeres. Solo el rey 
puede tener mujer, y ha de ser pura… Yo no acaté 
esa regla y amé a una mujer». Trevrizent había 
recorrido por amor «las tres partes del mundo:
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2