simbolizaba la vista trasera de un cuerpo 
femenino inclinado hacia delante. La 
acumulación de orificios fuente de placer sexual 
sobre el ojo derecho de la gigantesca y masculina 
cabeza (1) quizá hiciera referencia a la obsesión 
del hombre por el placer. El simbolismo era 
complejo pero coherente con lo representado en 
el panel central: era coherente que la gigantesca 
cabeza (1) fuese masculina y la pequeña 
cabeza (2) fuese femenina, si se consideraba la 
primera de hombre adulto y la segunda de mujer 
joven, casi niña; era coherente que la boca de la 
masculina cabeza (1) estuviera llena de mujeres y 
rodeada de una barba de hombres a caballo que 
giraban alrededor de la gigantesca y acuosa boca, 
relamiéndose de gusto, como haría una lengua. El 
sexo se coronaba como rey del universo del 
placer de los sentidos. 

La gigantesca espina penetraba el vertical 
óvalo, símbolo del sexo femenino, erigiéndose la 
escena en símbolo de la penetración. Así parecía 
confirmarlo tanto el óvalo abierto, símbolo de la 
receptividad sexual femenina, como la enorme, 
alargada y pétrea figura masculina cabeza abajo y 
la pequeña, alargada e igualmente pétrea figura 
femenina cabeza arriba, símbolos tanto del sexo 
eréctil masculino como del sexo eréctil femenino, 
respectivamente. 

En la parte inferior izquierda del panel central 
vi un hombre sumergido cabeza abajo en el agua,

hasta los codos, y no pude evitar relacionarlo con 
la figura humana (7), también cabeza abajo. El 
hombre sostenía entre sus piernas abiertas un 
bello y gigantesco fruto .que supuse símbolo 
del placer sexual. penetrado por una espina 
similar a la otra. El hombre parecía ahogarse de 
placer en el fluido del placer .por qué si no iba a 
mantenerse en esa posición.. Su sexo colgaba 
hacia abajo, lógico para un varón cabeza abajo, 
excitado o no; y quizá simbolizara la perpetua 
excitación. Curioso me pareció que el sexo de la 
pétrea figura humana (7), también cabeza abajo, 
apuntara hacia los cielos, ajeno a la gravedad y a 
las pasiones humanas. La fuente del panel central 
seguía las leyes gravitatorias celestes, pues su 
sexo apuntaba al cielo aun estando la figura 
humana cabeza abajo. El personaje masculino 
sumergido en el agua hasta la cintura ilustraba 
con su sexo el efecto contrario, el de la pasional 
gravedad terrestre. La divina incorruptibilidad de 
la piedra contrastaba con la humana 
corruptibilidad de la carne. 

Me fijé entonces, con algo más de detalle, en el 
panel izquierdo. La interpretación convencional 
de este panel .a tenor de los comentarios que 
escuché a mi alrededor. era bien simple: la 
escena transcurría en el jardín del Edén; Dios, con 
la apariencia de Jesús, bendecía la unión de Adán
13 -2 -1 -1 +1 +1 +2 147 147 150 147 13 -2 -1 -1 +1 +1 +2 151 151