Cundry, Parzival decide partir en busca del Grial. 
Gawan se despide de él: «Que Dios te conceda 
suerte», le dice. «Pero, ¿qué es Dios? Si fuera 
todopoderoso nos habría librado de esta deshonra. 
Dejo pues de servirle. Si Él me odia, lo aceptaré». 
En este punto, Wolfram von Eschenbach dejaba 
de hablar de Parzival para pasar a narrar, en los 
libros siete y ocho, las aventuras de Gawan. Las 
de Parzival reaparecían en el libro noveno, tras 
haber atravesado Parzival muchos países a 
caballo y muchos mares en barco. Era el 
comienzo de este noveno libro cuando Wolfram 
von Eschenbach contaba, en una sola frase, que la 
espada que Anfortas le regaló a Parzival se 
rompió, pero que la fuente de Lac y Karnant 
consiguieron recomponerla. Parzival descubre 
entonces .así, sin más preámbulos. una ermita 
en un bosque y en ella se encuentra con una 
ermitaña, Sigune, que tiene a su héroe enterrado 
allí. Parzival y Sigune hablan a través de una 
ventana; pero no se reconocen. Sigune lleva «un 
salterio en la mano»; y también lleva un anillo 
con una piedra granate «que lanzaba rayos por la 
ventana como si fuera una centella» .y de nuevo 
recordé la escena del Grial, la del Perceval de 
Chrétien de Troyes.. Los alimentos que Sigune 
ingiere provienen del Grial: Cundry se los trae los 
sábados. Parzival y Sigune charlan, hasta que 
descubren sus identidades. Sigune pregunta a 
Parzival si ya conoce la esencia del Grial, si su

viaje le ha aportado algo. Parzival, triste, le 
responde que aún no ha conseguido ver 
Munsalwäsche ni el Grial, y que el Grial sólo le 
da preocupaciones. Sigune le responde que de 
haberle hecho la pregunta a Anfortas hubiera 
alcanzado la máxima felicidad. También le invita 
a seguir el rastro de Cundry, pues quizá le 
conduzca hasta Munsalwäsche. Parzival parte. 
Sigue las huellas de Cundry; pero pronto pierde el 
rastro. Sin embargo, Parzival anda cerca de 
Munsalwäsche. Los caballeros del Grial .a los 
que Wolfram denomina «templeise», quizá 
refiriéndose a los templarios. no permiten que 
nadie se acerque tanto al castillo «a menos que 
pague aquella pena que delante del bosque se 
llama la muerte». Un templario sale a luchar con 
el desconocido que se acerca; pero Parzival le 
vence y el templario cae por un barranco, al igual 
que el caballo de Parzival. Parzival toma el 
caballo del templario y continúa cabalgando 
durante semanas. Una fría mañana, algo nevada, 
mientras Parzival cabalga sin rumbo, se encuentra 
con unos peregrinos. Uno de ellos, un caballero, 
al que acompaña su familia, pregunta a Parzival 
por qué va armado en un día como aquel. Es 
Viernes Santo, un día en el que todo el mundo 
debe alegrarse y al mismo tiempo estar 
angustiado. «El hombre estaba perdido .dice el 
caballero a Parzival., destinado al infierno, pero 
Él dio su vida por nosotros. Si seguís nuestras
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