campamento le reciben y agasajan: «el joven 
Parzival parecía un ángel sin alas que hubiera 
florecido en la tierra». El rey Arturo y el resto de 
caballeros de la Mesa Redonda saludan a Parzival 
y le invitan a unirse a esta orden de caballería: 
Parzival acepta de muy buen grado. Para celebrar 
el encuentro el rey Arturo dispone que se 
reproduzca la Mesa Redonda formando un gran 
círculo en «una pradera llena de flores». En torno 
a esta singular mesa se sientan a comer damas y 
caballeros. Es entonces cuando llega una famosa 
dama, muy culta, llamada Cundry, la Hechicera, 
que se dirige al rey Arturo, y le dice: «La Mesa 
Redonda ha llegado a su fin porque Parzival ha 
entrado en ella». Luego se dirige a Parzival, y le 
dice: «¿Por qué no liberasteis al pescador? 
Debisteis apiadaros de sus penas. ¡Que vuestra 
boca se vacíe y perdáis la lengua, como vacío está 
vuestro corazón. Dios os ha condenado al infierno. 
¡Destructor de la salvación! Vuestra honra está 
tan enferma que no puede ser curada. No sois más 
que un juguete del guardián del infierno». Y aún 
dijo más, y luego se fue. Más tarde llega un 
caballero armado que acusa a Gawan de haber 
matado a su señor por ansia de gloria. El 
caballero reta a Gawan a un duelo en cuarenta 
días, ante el rey Ascalun, y le advierte «de su 
obligación por el honor de su yelmo y por las 
normas de caballería». Tras otros acontecimientos, 
y visiblemente afectado por las palabras de

Cundry, Parzival decide partir en busca del Grial. 
Gawan se despide de él: «Que Dios te conceda 
suerte», le dice. «Pero, ¿qué es Dios? Si fuera 
todopoderoso nos habría librado de esta deshonra. 
Dejo pues de servirle. Si Él me odia, lo aceptaré». 
En este punto, Wolfram von Eschenbach dejaba 
de hablar de Parzival para pasar a narrar, en los 
libros siete y ocho, las aventuras de Gawan. Las 
de Parzival reaparecían en el libro noveno, tras 
haber atravesado Parzival muchos países a 
caballo y muchos mares en barco. Era el 
comienzo de este noveno libro cuando Wolfram 
von Eschenbach contaba, en una sola frase, que la 
espada que Anfortas le regaló a Parzival se 
rompió, pero que la fuente de Lac y Karnant 
consiguieron recomponerla. Parzival descubre 
entonces .así, sin más preámbulos. una ermita 
en un bosque y en ella se encuentra con una 
ermitaña, Sigune, que tiene a su héroe enterrado 
allí. Parzival y Sigune hablan a través de una 
ventana; pero no se reconocen. Sigune lleva «un 
salterio en la mano»; y también lleva un anillo 
con una piedra granate «que lanzaba rayos por la 
ventana como si fuera una centella» .y de nuevo 
recordé la escena del Grial, la del Perceval de 
Chrétien de Troyes.. Los alimentos que Sigune 
ingiere provienen del Grial: Cundry se los trae los 
sábados. Parzival y Sigune charlan, hasta que 
descubren sus identidades. Sigune pregunta a 
Parzival si ya conoce la esencia del Grial, si su
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