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amada en la nieve. El siguiente en pedir permiso para combatir con el extraño es Keye, el caballero del que Parzival desea vengarse. Los dos combaten sin conocerse. Parzival vence. Muere el caballo de Keye, y Keye sale malherido, con el brazo derecho y la pierna izquierda rota. El siguiente en solicitar permiso para acercarse al extraño es el celebrado caballero Gawan, hijo del rey Lot y de la hermana del rey Arturo. Gawan se preocupa con gentileza por el estado de Keye; pero Keye rechaza los favores y «le ataca con palabras en su costado descubierto». Gawan responde con cordura. Desarmado, monta su caballo y se dirige hacia Parzival. Y, cuando llega, le saluda; pero Parzival, ensimismado en sus contemplaciones, no contesta. Gawan le amenaza y suplica; pero Parzival no parece escucharle. Gawan se da cuenta entonces de que el desconocido caballero sufre penas de amor. Gawan conoce bien ese dolor; porque él también lo sufrió, tiempo atrás, cuando atravesó «su mano con un cuchillo porque el amor y una dama le habían obligado a ello». Gawan arroja una capa sobre el área de nieve que parece haber hechizado a Parzival, que de allí no aparta la mirada. Parzival despierta de su ensoñación. Gawan charla con Parzival y se presenta, y le informa de quién está acampado allí cerca y de a quienes acaba de vencer en combate. Parzival se alegra y acepta gustoso acompañar a Gawan. En el

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campamento le reciben y agasajan: «el joven Parzival parecía un ángel sin alas que hubiera florecido en la tierra». El rey Arturo y el resto de caballeros de la Mesa Redonda saludan a Parzival y le invitan a unirse a esta orden de caballería: Parzival acepta de muy buen grado. Para celebrar el encuentro el rey Arturo dispone que se reproduzca la Mesa Redonda formando un gran círculo en «una pradera llena de flores». En torno a esta singular mesa se sientan a comer damas y caballeros. Es entonces cuando llega una famosa dama, muy culta, llamada Cundry, la Hechicera, que se dirige al rey Arturo, y le dice: «La Mesa Redonda ha llegado a su fin porque Parzival ha entrado en ella». Luego se dirige a Parzival, y le dice: «¿Por qué no liberasteis al pescador? Debisteis apiadaros de sus penas. ¡Que vuestra boca se vacíe y perdáis la lengua, como vacío está vuestro corazón. Dios os ha condenado al infierno. ¡Destructor de la salvación! Vuestra honra está tan enferma que no puede ser curada. No sois más que un juguete del guardián del infierno». Y aún dijo más, y luego se fue. Más tarde llega un caballero armado que acusa a Gawan de haber matado a su señor por ansia de gloria. El caballero reta a Gawan a un duelo en cuarenta días, ante el rey Ascalun, y le advierte «de su obligación por el honor de su yelmo y por las normas de caballería». Tras otros acontecimientos, y visiblemente afectado por las palabras de

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