caballero, doncella que resultará ser hermana de 
Orilo. Antes de partir, acuden todos a una ermita 
que resulta ser el lugar en el que vive Trevrizent. 
Allí, Parzival jura por su honor, sobre un relicario, 
que, en su presencia, Jeschute jamás cometió falta 
alguna. Orilo queda ahora convencido de la 
inocencia de la dama y vuelve a darle su favor. 
Orilo y Jeschute se despiden de Parzival y parten 
felices hacia el lugar en donde tienen su tienda, 
para desde allí emprender el camino hacia la corte. 
Parzival coge una lanza .de Troyes, olvidada en 
la ermita por Taurian, hermano de Dodine. y 
continúa su camino. El rey Arturo recibe a Orilo 
y a Jeschute. Tras el encuentro, decide partir en 
busca de Parzival. Sucede entonces la aventura de 
las tres gotas de sangre, en la que tres gotas de 
sangre caídas sobre la nieve dejan a Parzival 
ensimismado en su contemplación, viendo en 
ellas el rostro de su amada. La sangre era de un 
ganso que volando con su grupo fue atacado por 
un halcón y vino a ocultarse en un tronco caído. 
El campamento del rey Arturo está cerca. 
Segramors es el primero en salir a combatir con el 
desconocido. Parzival le vence. Segramors vuelve 
enfadado al campamento, donde justifica su 
derrota con estas palabras: «Se dice que el 
combate caballeresco es un juego de dados y que 
en un duelo alguien tiene que perder. Incluso un 
gran barco se hunde». Parzival vuelve a 
embelesarse en la contemplación del rostro de su

amada en la nieve. El siguiente en pedir permiso 
para combatir con el extraño es Keye, el caballero 
del que Parzival desea vengarse. Los dos 
combaten sin conocerse. Parzival vence. Muere el 
caballo de Keye, y Keye sale malherido, con el 
brazo derecho y la pierna izquierda rota. El 
siguiente en solicitar permiso para acercarse al 
extraño es el celebrado caballero Gawan, hijo del 
rey Lot y de la hermana del rey Arturo. Gawan se 
preocupa con gentileza por el estado de Keye; 
pero Keye rechaza los favores y «le ataca con 
palabras en su costado descubierto». Gawan 
responde con cordura. Desarmado, monta su 
caballo y se dirige hacia Parzival. Y, cuando llega, 
le saluda; pero Parzival, ensimismado en sus 
contemplaciones, no contesta. Gawan le amenaza 
y suplica; pero Parzival no parece escucharle. 
Gawan se da cuenta entonces de que el 
desconocido caballero sufre penas de amor. 
Gawan conoce bien ese dolor; porque él también 
lo sufrió, tiempo atrás, cuando atravesó «su 
mano con un cuchillo porque el amor y una dama 
le habían obligado a ello». Gawan arroja una capa 
sobre el área de nieve que parece haber hechizado 
a Parzival, que de allí no aparta la mirada. 
Parzival despierta de su ensoñación. Gawan 
charla con Parzival y se presenta, y le informa de 
quién está acampado allí cerca y de a quienes 
acaba de vencer en combate. Parzival se alegra y 
acepta gustoso acompañar a Gawan. En el
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