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unos genitales femeninos, con el clítoris entre ceja y ceja, tanto como coronando la figura (8), que por esta razón admitía ser considerada de mujer, completando la simetría simbólica del conjunto. Demasiadas casualidades precisamente interrelacionadas destruyen la casualidad. Una corona de placer es un símbolo opuesto a una corona de sufrimiento .corona de espinas.: atravesando la femenina cabeza (2) .y el símbolo de su sexo. el Bosco pintó una gigantesca espina. «Con dolor parirás a tus hijos», dijo Dios a Eva, castigándola así por su desobediencia; luego, misericordioso, inventó la epidural. El gran óvalo vertical y su terminación circular, con la figura (8) en su interior, también sugerían como asunto la maternidad: de la abundante prole daba cuenta todo el panel central. El orificio de la esférica nariz de la gigantesca cabeza (1) sugería que esta interpretación .por increíble que pudiera parecer. era plausible: en el orificio nasal aparecía un hombre desnudo que metía su mano en la entrepierna de una mujer desnuda, indicando con ello que la esférica nariz de la femenina cabeza (2) marcaba unos genitales femeninos. Curiosamente, el Bosco también presentaba en este orificio a una persona agachada de espaldas, exhibiendo a las claras su trasero, lo que parecía dar a entender que el óvalo rematado en corona circular, el óvalo que vertebraba a la femenina cabeza (2), también

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simbolizaba la vista trasera de un cuerpo femenino inclinado hacia delante. La acumulación de orificios fuente de placer sexual sobre el ojo derecho de la gigantesca y masculina cabeza (1) quizá hiciera referencia a la obsesión del hombre por el placer. El simbolismo era complejo pero coherente con lo representado en el panel central: era coherente que la gigantesca cabeza (1) fuese masculina y la pequeña cabeza (2) fuese femenina, si se consideraba la primera de hombre adulto y la segunda de mujer joven, casi niña; era coherente que la boca de la masculina cabeza (1) estuviera llena de mujeres y rodeada de una barba de hombres a caballo que giraban alrededor de la gigantesca y acuosa boca, relamiéndose de gusto, como haría una lengua. El sexo se coronaba como rey del universo del placer de los sentidos. La gigantesca espina penetraba el vertical óvalo, símbolo del sexo femenino, erigiéndose la escena en símbolo de la penetración. Así parecía confirmarlo tanto el óvalo abierto, símbolo de la receptividad sexual femenina, como la enorme, alargada y pétrea figura masculina cabeza abajo y la pequeña, alargada e igualmente pétrea figura femenina cabeza arriba, símbolos tanto del sexo eréctil masculino como del sexo eréctil femenino, respectivamente. En la parte inferior izquierda del panel central vi un hombre sumergido cabeza abajo en el agua,

13 -2 -1 -1 +1 +1 +2 151 150 151 147 150 150 13 -2 -1 -1 +1 +1 +2 147 147 150 147