capa de seda de Arabí, que dicen trajo la señora 
del castillo, la reina Repanse de Schoye. Tras un 
incidente .con un bufón. que no aparece 
mencionado en el Perceval de Chrétien de Troyes, 
Parzival entra en una gran estancia del palacio 
iluminada con cientos de antorchas y velas. En la 
estancia hay cien camas, sobradamente separadas 
las unas de las otras. En cada cama se sientan 
cuatro personas. Tres enormes fuegos se 
encienden sobre hogares cuadrados de mármol. El 
señor del castillo, que no es otro que el pescador, 
está sentado junto al fuego central: viste ropa de 
abrigo, por exigencia de su enfermedad. El 
pescador llama a Parzival y le invita a sentarse 
junto a él. Es en este punto donde Wolfram von 
Eschenbach comienza la narración central de la 
escena del grial, totalmente distinta de la que 
cuenta Chrétien de Troyes en su Perceval. Aquí, 
Wolfram von Eschenbach narra cómo en la 
estancia entra corriendo un escudero con una 
lanza de cuyo filo mana sangre que cae por el 
mango hasta la mano de quien la porta, e incluso 
hasta la manga. Al ver la lanza ensangrentada 
todos se entristecen, lloran y gritan de pesar. El 
escudero recorre las cuatro paredes de la estancia 
y sale corriendo por la misma puerta por la que 
había entrado. Se apaciguan los lamentos. Entran 
dos bellas doncellas, cada cual con un candelabro 
de oro. Tras ellas entra una duquesa y su 
acompañante: traen caballetes de marfil que

colocan frente al señor del castillo. Luego entran 
ocho damas: cuatro traen grandes velas; las otras 
cuatros traen una piedra preciosa traslúcida, de 
incalculable valor, larga y ancha, y aun así liviana, 
y la colocan a modo de mesa sobre los taburetes, 
formando la mesa comedor del señor del castillo. 
Luego aparecen en la sala dos princesas: portan 
«dos cuchillos de plata», extraordinarios, tan 
afilados que habrían podido cortar el acero .que 
ni pintados en el panel derecho de El jardín de las 
delicias.. Delante de estas dos damas vienen 
cuatro nobles damas con antorchas. Los cuchillos 
se depositan sobre la mesa. Aparecen entonces 
otras seis damas que llevan seis lámparas de 
cristal, altas y luminosas. Les sigue la reina 
Repanse de Schoye, «cuyo rostro era tan 
resplandeciente que a todos les pareció que había 
amanecido» .lo cual reforzaba la natural 
luminosidad de esta escena en el Perceval de 
Chrétien de Troyes.. La reina portaba «algo 
solo propio del paraíso: un objeto denominado 
Grial, la mayor gloria del mundo». «La que 
cuidaba del Grial tenía que conservarse pura y 
permanecer libre de maldad». «La reina 
inmaculada dejó el Grial sobre la mesa del señor 
del castillo. La historia dice que Parzival miraba 
fijamente a la dama y pensaba que él llevaba 
puesta su capa», lo cual daba a entender que más 
que el Grial fue la dama la que atrajo la atención 
de Parzival en esta escena, al contrario que en el
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