
abrazar a Parzival. «Dos naves» son arrojadas por el viento a la costa, junto al castillo: están llenas de víveres que acaban con la hambruna. En las noches que siguen, Parzival y Condwiramurs consuman su amor. Parzival sigue luchando para defender el castillo. Ahora lo hace contra Clamide, que ama a Condwiramurs hasta el punto de decir: «Fuera cual fuera la condena que el Creador impuso a Pilatos de Poncia .Wolfram se refiere a Poncio Pilato. y a Judas, aceptaría cualquier tormento por conseguir su amor». Parzival vence al rey Clamide y le manda a la corte del rey Arturo, imponiéndole así el mismo castigo que a su senescal Kingrun. No sin antes despedirse de Condwiramurs, Parzival parte, pues quiere ver a su madre y saber de su salud, para luego seguir en busca de aventuras. Libro quinto. Tras cabalgar todo el día afligido por el recuerdo de la reina Condwiramurs .y no por el de su madre, que es el que se cita en Perceval., llega a un lago .y no al río que se menta en Perceval. y ve una barca allí fondeada y en ella a un pescador que viste con vestidos tan lujosos que ni «el rey del mundo podría llevarlos mejores». Parzival pregunta al pescador por algún lugar donde alojarse y el pescador le indica el camino a su castillo. Al llegar, Parzival encuentra el puente del castillo levantado y ha de identificarse para que lo bajen y le dejen entrar. Una vez dentro, a Parzival le agasajan con una

capa de seda de Arabí, que dicen trajo la señora del castillo, la reina Repanse de Schoye. Tras un incidente .con un bufón. que no aparece mencionado en el Perceval de Chrétien de Troyes, Parzival entra en una gran estancia del palacio iluminada con cientos de antorchas y velas. En la estancia hay cien camas, sobradamente separadas las unas de las otras. En cada cama se sientan cuatro personas. Tres enormes fuegos se encienden sobre hogares cuadrados de mármol. El señor del castillo, que no es otro que el pescador, está sentado junto al fuego central: viste ropa de abrigo, por exigencia de su enfermedad. El pescador llama a Parzival y le invita a sentarse junto a él. Es en este punto donde Wolfram von Eschenbach comienza la narración central de la escena del grial, totalmente distinta de la que cuenta Chrétien de Troyes en su Perceval. Aquí, Wolfram von Eschenbach narra cómo en la estancia entra corriendo un escudero con una lanza de cuyo filo mana sangre que cae por el mango hasta la mano de quien la porta, e incluso hasta la manga. Al ver la lanza ensangrentada todos se entristecen, lloran y gritan de pesar. El escudero recorre las cuatro paredes de la estancia y sale corriendo por la misma puerta por la que había entrado. Se apaciguan los lamentos. Entran dos bellas doncellas, cada cual con un candelabro de oro. Tras ellas entra una duquesa y su acompañante: traen caballetes de marfil que