siendo atacado por Ipomidón y Pompeyo. Una 
tarde, en un sueño, Herzeloyde tiene una visión 
que la hará infeliz para siempre: un grifo le 
desgarra la mano derecha .presagio de la 
pérdida de un pariente cercano. y es madre de 
un dragón que le devora el vientre y que, al 
alejarse, le arranca el corazón del pecho. Al 
despertar de la pesadilla llega el jefe de los 
escuderos e informa a Herzeloyde de que 
Gahmuret ha muerto delante de Bagdad, en una 
justa, cabalgando contra Ipomidón, que consiguió 
con su lanza atravesar el yelmo y la cabeza de 
Gahmuret, algo que no habría sucedido de no ser 
por un sucio truco de los enemigos de Gahmuret, 
que rompieron contra el yelmo de Isenhart .el 
que Gahmuret llevaba puesto durante la justa. 
una vasija con sangre de cabra, para así 
reblandecer el diamante. El Califa le hizo a 
Gahmuret un entierro soberbio, lujoso, e incluso 
accedió a que colocaran una cruz sobre la tumba 
de Gahmuret, «como símbolo de la Pasión de 
Cristo que nos libró de la muerte» y «de la fe en 
el bautismo, que en el Juicio Final nos redimirá 
de nuestras ataduras». Sobre el yelmo se grabó un 
largo epitafio, antes de unir el yelmo a la cruz 
sobre la tumba. «Catorce días después la reina dio 
a luz a un niño, de unos miembros tan grandes 
que casi le cuesta la vida. En este punto se lanzan 
los dados de esta historia, marcando su comienzo, 
porque ahora por fin a nacido aquel que motivó

este cuento». «Cuando la reina volvió en sí tras el 
parto tomó a su bebé y le miró junto con otras 
damas la entrepierna, miraron sus partes. Y tuvo 
el niño que aguantar muchas caricias, pues tenía 
miembros de hombre». La reina hizo también de 
nodriza y amamantó a su hijo pues «la reina de 
los cielos ofreció su pecho a Jesús, quien después, 
por nosotros, encarnado en forma humana, aceptó 
la más cruel muerte sobre la Cruz, 
demostrándonos su lealtad hacia nosotros». La 
reina lloró lágrimas de pena que cayeron sobre el 
niño. La reina se regocijaba del nacimiento de su 
hijo; pero su júbilo se ahogaba en el vado de la 
tristeza. «Yo soy Wolfram von Eschenbach, y 
también sé componer canciones», decía entonces 
el autor, en un comentario final un tanto misógino, 
lleno de ira hacia una mujer que le había sido 
infiel. 

Así concluía el segundo de los dieciséis libros 
que componen el Parzival de Wolfram von 
Eschenbach, algunos de cuyos personajes quise 
ver en El jardín de las delicias, especialmente en 
la parte inferior del infierno musical ilustrado en 
el panel derecho. A la derecha aparecería Parzival, 
vestido de rojo, como el Caballero Rojo: en sus 
manos sostendría el Perceval y el Parzival. 
Delante tendría al pagano Flegetanis, aquí 
simbolizado por el cerdo .clave que permitiría 
deducir que la figura representaba a un pagano, 
por ser el cerdo su alimento prohibido por
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