corte del rey Arturo, hasta mi madre habría 
tomado las armas para salir en busca de aventuras, 
rompiendo con las reglas de la caballería. De 
innato carácter transgresor, muy atrevida para su 
tiempo, fue ella la que nos inculcó, tanto a mi 
hermana como a mí, el espíritu de aventura. No 
pasaba año en el que ella no planeara algún viaje 
impredecible. En los aeropuertos éramos de las 
pocas familias que en aquellos años de mi niñez 
no viajaba con maletas, sino con enormes 
mochilas y equipos solo propios de exploradores. 
Le encantaba África. «Tu madre se cree Vasco de 
Gama», solía decir mi padre bromeando. Y debía 
de ser cierto, porque con el paso de los años 
llegamos a recorrer toda la costa africana e 
incluso fuimos a la India. Definitivamente no se 
parecía mi caso al de Perceval, en este sentido: 
mis padres siempre me apoyaron en mis 
decisiones, incluso cuando les dejé y me trasladé 
a estudiar periodismo a Madrid, un paso que casi 
les hizo a ellos más ilusión que a mí. Y en lo que 
respecta a su vejez, les veía tan activos que ni 
siquiera me había planteado dónde, cómo o quién 
les cuidaría, llegado el caso. De hecho, todo me 
hacía suponer, por lo poco que me cuidaba yo y 
lo mucho que lo hacían ellos, que en la carrera de 
la vida acabaríamos cruzando la meta casi al 
mismo tiempo.

PARZIVAL, DE WOLFRAM VON ESCHENBACH 

Entregué a los bibliotecarios de la Biblioteca 
Nacional la última remesa de libros que había 
estado consultando, todos sobre el Perceval de 
Chrétien de Troyes, y rellené las fichas de otros 
tres libros sobre el Parzival de Wolfram von 
Eschenbach .no se podían pedir más de una 
tacada.. Mientras esperaba a que me los trajeran, 
estuve ojeando algunas enciclopedias y 
navegando en Internet, buscando información 
sobre el autor de Parzival y su obra. 

Tras pasar los veinte minutos que tardaron en 
entregarme los libros, busqué en el Parzival de 
Wolfram von Eschenbach algunos pasajes que en 
el Perceval de Chrétien de Troyes me habían 
sugerido relaciones con El jardín de las delicias. 
Lo que leí me dejó de piedra. No me cabía duda 
alguna: el Bosco también había incluido el 
Perceval en su tríptico. 

El Parzival de Wolfram von Eschenbach se 
distanciaba bastante del Perceval de Chrétien de 
Troyes, tanto como para que el propio Wolfram 
von Eschenbach afirmara al final de su obra que 
«el maestro Chrétien de Troyes» no se había 
ceñido a la verdad. Wolfram von Eschenbach 
argumentaba que era su Parzival el que contaba 
la verdadera historia del grial, pues se basaba en 
una traducción que un tal Kyot había realizado de 
un texto árabe que el propio Kyot encontró en la 
actual provincia española de Toledo, texto que
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2