libertades en cuanto al significado de esta palabra, 
y el graal pasó, de ser un simple plato, a 
convertirse en un objeto al servicio de las nuevas 
fantasías literarias, desde una piedra proveedora 
de todo tipo de alimentos, al plato del que Jesús 
comió en la Última Cena, o con el que José de 
Arimatea recogió la sangre de Jesucristo 
crucificado, según afirmaban algunos. Sin duda, 
tuvo que ser esta última interpretación, en la que 
el recipiente se relaciona con la sangre de Cristo, 
la que por un paralelismo con la liturgia cristiana 
habría acabado asociando el grial con el cáliz de 
la Última Cena. Pero no eran estas las únicas 
interpretaciones: cada cual arrimaba como podía 
el ascua a su sardina 2442. 

2442 «El término […] sardina» ya aparece en un backup fechado el 
15 de agosto de 2008. La versión final incorpora cambios de 
edición. 

elmundo 

Las madres de los tres protagonistas principales, 
héroes legendarios, adquirían en el Perceval de 
Chrétien de Troyes una inusitada relevancia 
argumental. Si bien apenas intervenían en los 
hechos, lo ocurrido en su presencia lograba 
permear y dirigir el resto de la historia. La madre 
de Perceval solo aparecía al principio del 
romance, y aun así marcaba el destino de su hijo. 
Para saber de la reina madre del rey Arturo y de 
la otra reina madre, la de su sobrino Guavain, 
había que esperar hasta la última de las aventuras

escritas; pero entonces se truncaba la historia, 
dejando al lector con la inequívoca sensación de 
que ambas acabarían influyendo en el devenir de 
los acontecimientos. Como muestra de cortesía y 
de honor, Chrétien de Troyes parecía elevar a las 
tres madres por encima incluso de sus heroicos 
hijos, como respetando la jerarquía del linaje de 
leyenda, en el que los héroes son hijos de los más 
grandes héroes y de las más altas damas. 

Padres y madres no acostumbraban a adquirir 
demasiado protagonismo en las aventuras de los 
héroes de nuestra época, quizá por razones de 
marketing. Relegados a un segundo plano, 
cuando no excluidos por completo, padres y 
madres eran más bien considerados hoy en día 
una carga que no podía sino impedir las hazañas 
del protagonista, destruyendo con la razón y la 
sapiencia de su madurez los sueños de libertad, de 
conquista y de ruptura con el pasado propios de la 
juventud de los héroes actuales, contrarios a los 
de aquella época, pues aquellos nacían obligados 
a emular, cuando no superar, la heroicidad de sus 
ancestros. Los héroes de hoy en día eran héroes 
huérfanos de historia, nacidos en laboratorios. 
Los padres, la vejez o la dependencia constituían 
la antítesis temática de la independencia valerosa 
y luchadora asociada a la heroicidad juvenil de 
nuestros días. No era este mi caso. Mis padres 
eran jóvenes y dinámicos: nos llevábamos tan 
solo veinte años. De trasladarlos en el tiempo a la
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