de confianza, palabras que sin duda la corte y el 
pueblo recordarían, como de ello dejaba 
constancia el autor del poema. En este contexto, 
la primera interpretación consistiría en suponer 
que Perceval, al ver la lanza con la sangre, 
recuerda las enseñanzas cristianas que le infundió 
su madre, lo que le lleva a asociar la lanza 
ensangrentada con el Cristo crucificado, y con la 
Virgen a sus pies, caída en el suelo, desmayada, 
destrozada por el dolor provocado por la forma en 
que su hijo la abandona. Esa escena le recordaría 
a Perceval la de su partida, y sería ese sentimiento 
de culpa el que le cortaría la lengua y le impediría 
preguntar. 

La segunda interpretación no necesitaría de 
ningún tipo de condicionante, por ajustarse 
literalmente al texto de Perceval. El romance de 
Chrétien de Troyes cuenta que Perceval abandona 
a su madre y que su madre muere del dolor que le 
causa tal despedida .dicen que no son tristes las 
despedidas: díselo a quien te lo diga, que se 
despida.. Antes de su muerte, la madre de 
Perceval, con sus rezos y plegarias, intercede por 
Perceval ante Dios y consigue reducir el castigo 
por tal pecado: Dios no mata a Perceval, ni le 
lleva a prisión; pero le sella los labios y le corta el 
habla en el momento en el que debiera preguntar 
por la lanza o el grial; porque Dios sabe que, con 
tan solo impedirle hacer esas preguntas, 
conseguirá que a Perceval le sobrevengan grandes

y merecidas desgracias, que también afectarán a 
otros que culparán de las suyas a Perceval, lo que 
también formará parte de la penitencia. 

Perceval es incapaz de sentir misericordia, 
compasión o piedad. Criado por su madre en un 
mundo idílico, alejado de todo mal, no reconoce 
el sufrimiento. Los personajes con los que se 
encuentra Perceval procuran enseñarle lo que 
ignora, le dan buenos consejos cuando los 
necesita, le corrigen cuando se equivoca, le 
perdonan las injurias, le consuelan cuando está 
afligido, le toleran sus defectos, e incluso oran 
por él; le dan de comer cuando tiene hambre, le 
dan de beber cuando tiene sed, le dotan de 
vestimentas apropiadas, le dan posada cuando no 
la tiene, y si no le visitan cuando está enfermo, ni 
le asisten cuando está preso, ni le sepultan cuando 
está muerto, es porque no estuvo nunca enfermo, 
ni preso, ni muerto. A Perceval le regalan con la 
siete obras de misericordia espirituales y con las 
siete obras de misericordia corporales; pero él, el 
puro loco, el inocente insensato, ni se da cuenta ni 
lo aprende, ni experimenta esos sentimientos, ni 
tan siquiera logra entender que la misericordia, la 
compasión, la piedad o el perdón han de ser 
dispensados en el momento en el que se percibe 
el sufrimiento y no se pueden posponer para otra 
ocasión más propicia 2439: el que sufre ahora ha de 

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