menieres»., de las más valiosas que pudieran 
encontrarse sobre la tierra o en el mar .«des plus 
riches et des plus chieres / qui an mer ne an terre 
soient».. Sin necesidad de recurrir a lo 
sobrenatural, esta descripción del grial bien 
pudiera explicar el brillo que inundó la sala 
cuando en ella entró el grial, brillo que habría 
surgido de los reflejos de la luz en la superficie de 
oro adornada con piedras preciosas, un brillo que 
haría sombra al de las velas. Sin embargo, la 
interpretación habitual tendía a convertir el grial 
en un objeto con poderes sobrenaturales. ¿Debía 
el poeta restringir la descripción poética de lo real 
para evitar que otros convirtieran en sobrenatural 
objetos que no lo eran? ¿Cómo hubiera sido la 
descripción del grial de haberse escrito el texto en 
prosa? Chrétien de Troyes menciona al final del 
prólogo que la obra nació por mandato del conde 
Felipe, que le dio un libro titulado Li contes del 
graal, encomendándole que lo rimara, de lo que 
se deduce que el libro original debió de estar 
escrito en prosa. Ni siquiera se sabe si ese libro 
existió, aunque de existir, y salir a la luz, sin duda 
ayudaría a responder estas preguntas. 

Tras la lanza, los candelabros, el grial y el plato 
pasan ante Perceval otros personajes y elementos 
procesionales, que continúan su camino hacia 
otros aposentos. Perceval, por las mismas razones 
que antes, tampoco se atreve a preguntar a quién 
se sirve con el grial: «Et li vaslez les vit passer /

et n'osa mie demander / del graal cui l'an an 
servoit». Según esto, la pregunta que Chrétien de 
Troyes pone en mente de Perceval no es «¿qué es 
el grial?», sino «¿a quién se sirve con el grial?», 
es decir, a quién se le ofrece el contenido del grial, 
de lo que se deduce que el verdadero misterio 
para Perceval no reside en el objeto, ni siquiera 
en su contenido. A una orden del hombre, el 
servicio trae una mesa de marfil con caballetes de 
ébano y un mantel de blancura sin igual para 
vestirla. Tanto el hombre como Perceval se asean 
las manos con el agua tibia que traen los 
sirvientes y se disponen a degustar un primer 
plato a base de ciervo a la pimienta y abundante 
vino clarete servido en copas de oro. Delante de 
ellos un criado trincha el ciervo en el plato de 
plata, «le tailleor d'argent», que aquí parece 
hacer referencia al de la procesión, al plato de 
plata que allí era solo «un» plato de plata 
indeterminado .«.i. tailleor d'argent»., 
repitiéndose así la misma relación sintáctica y 
cronológica que entre «.I. graal antre ses .ii. 
mains» y «atot le graal qu'ele tint». Tras la 
trincha, el criado le sirve a cada uno su ración. 
Mientras tanto, el grial pasa de nuevo frente a 
ellos sin que Perceval se atreva a preguntar a 
quién sirven con el grial: «Et li graax 
andemantiers / par devant ax retrespassa, / et li 
vaslez ne demanda / del graal cui l'an an servoit». 
Tras degustar el ciervo, Perceval es agasajado con
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2