por algún lugar en el que poder pernoctar, a lo 
que el hospitalario pescador responde invitándole 
a su casa e indicándole el camino. Perceval acepta 
la invitación y hacia allí se dirige a caballo. Al 
llegar, Perceval descubre que más que casa es 
mansión, tal es su belleza. Ve el puente levadizo 
bajado y entra. Perceval es entonces conducido 
por dos criados hasta una enorme estancia 
cuadrada en cuyo centro, recostado en un lecho, 
descansa un hombre de cabellos canosos, el 
pescador con el que Perceval había dialogado 
antes. Frente al lecho, bajo una enorme chimenea 
de bronce sostenida por cuatro columnas, hay un 
gran fuego. El hombre, tan debilitado en sus 
fuerzas como para verse obligado a que le 
trasporten de un sitio a otro, se disculpa por no 
poder levantarse e invita a Perceval a sentarse 
cerca de él. Tras algunos prolegómenos, entra un 
paje con una lujosa espada, regalo con el que una 
bella sobrina del pescador desea agasajarle. El 
paje narra cómo la espada fue forjada por un 
maestro que sólo forjó tres en su vida y ya no 
forjará más; y que es deseo de su sobrina que su 
tío, el pescador, entregue la espada a quien buen 
uso le dé. El pescador proclama entonces que la 
espada está predestinada a Perceval y se la 
entrega. Perceval la acepta agradecido. Entra 
ahora otro paje, que pasa entre ellos y el fuego. 
Porta una lanza, toda blanca .incluso el hierro.. 
De la punta mana una gota de sangre que

desciende hasta la mitad de la lanza, hasta las 
manos del paje que la sostiene: «la lance blanche 
et le fer blanc, / s'issoit une gote de sanc / del fer 
de la lance an somet / et jusqu'a la main au vaslet 
/ coloit cele gote vermoille». Perceval se asombra 
de lo que ve; pero no pregunta nada. Calla porque 
así le aconsejó aquel que le adiestró en el uso de 
las armas, Gornemant, el cual le dijo que no 
hablara demasiado. Calla porque teme que las 
preguntas pongan de manifiesto su ignorancia. 
Luego llegan dos pajes más, portando lujosos 
candelabros con sus velas encendidas. Con los 
pajes viene una bella doncella que sostiene entre 
sus 2 manos 1 grial .«.I. graal antre ses .ii. 
mains / une dameisele tenoit».. Al entrar la 
doncella con el grial, la sala brilló de tal forma 
que perdieron las velas su brillo como lo pierden 
las estrellas cuando nace el sol o la luna: «Quant 
ele fu leanz antree / atot le graal qu'ele tint, / une 
si granz clartez an vint, / ausi perdirent les 
chandoiles / lor clarté come les estoiles / qant li 
solauz lieve et la lune». Detrás de esta doncella 
viene otra que porta 1 plato .«.i. tailleor», usado 
habitualmente para trinchar la carne. de plata 
.«d'argent».: «Aprés celi an revint une / qui 
tint .i. tailleor d'argent». El grial, que va delante 
.«Le graal, qui aloit devant»., es de fino oro 
.«de fin or esmeré estoit»., adornado con 
multitud de piedras preciosas .«pierres 
precieuses avoit / el graal de maintes
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2