enfrentarse a su manera al caballero Rojo. 
Perceval prosigue su camino. En otro castillo se 
encuentra con el caballero Gornemant, que le 
enseña a usar las armas. Perceval aprende rápido 
y no tarda en partir de allí, pues quiere saber qué 
fue de su madre, ya que ahora parece preocuparle 
el estado en el que la dejó. Perceval llega a otro 
castillo y en él encuentra a Blancaflor, la que será 
su amada, sobrina de Gornemant. Allí lucha y 
vence a los enemigos de Blancaflor, 
Anguingueron y Clamadeu, a los que envía en 
penitencia a dar cuenta al rey Arturo. Tras 
rechazar la hospitalidad de Blancaflor, por la 
misa razón que antes había rechazado la de 
Gornemant, Perceval parte en busca de su madre. 

El romance menciona el grial por primera vez 
en la siguiente aventura. Perceval .que 
desconoce su propio nombre. llega a un río 
después de una larga y solitaria jornada a lomos 
de su caballo, sin haber dejado un instante de 
rezar a Dios porque le permitiera encontrar viva y 
sana a su madre. Perceval observa el río, 
profundo y de aguas rápidas, y decide no cruzarlo 
a caballo. En esto, ve una barca con dos hombres 
que viene río abajo y al llegar a su altura echa el 
ancla, disponiéndose uno de los hombres a pescar. 
Perceval dialoga con el pescador; le pregunta por 
algún puente para atravesar el río; pero el 
pescador le informa que ya es tarde para llegar al 
paso más próximo. Perceval le pregunta entonces

por algún lugar en el que poder pernoctar, a lo 
que el hospitalario pescador responde invitándole 
a su casa e indicándole el camino. Perceval acepta 
la invitación y hacia allí se dirige a caballo. Al 
llegar, Perceval descubre que más que casa es 
mansión, tal es su belleza. Ve el puente levadizo 
bajado y entra. Perceval es entonces conducido 
por dos criados hasta una enorme estancia 
cuadrada en cuyo centro, recostado en un lecho, 
descansa un hombre de cabellos canosos, el 
pescador con el que Perceval había dialogado 
antes. Frente al lecho, bajo una enorme chimenea 
de bronce sostenida por cuatro columnas, hay un 
gran fuego. El hombre, tan debilitado en sus 
fuerzas como para verse obligado a que le 
trasporten de un sitio a otro, se disculpa por no 
poder levantarse e invita a Perceval a sentarse 
cerca de él. Tras algunos prolegómenos, entra un 
paje con una lujosa espada, regalo con el que una 
bella sobrina del pescador desea agasajarle. El 
paje narra cómo la espada fue forjada por un 
maestro que sólo forjó tres en su vida y ya no 
forjará más; y que es deseo de su sobrina que su 
tío, el pescador, entregue la espada a quien buen 
uso le dé. El pescador proclama entonces que la 
espada está predestinada a Perceval y se la 
entrega. Perceval la acepta agradecido. Entra 
ahora otro paje, que pasa entre ellos y el fuego. 
Porta una lanza, toda blanca .incluso el hierro.. 
De la punta mana una gota de sangre que
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