moribundo, recostado en su cama. Sombra y luz 
le daban a elegir entre las mundanales riquezas de 
este viejo mundo y las riquezas espirituales del 
aquel otro y nuevo mundo. La luz que descendía 
de Cristo recordaba a aquella otra sobre el tríptico 
cerrado de La adoración de los Magos. 

La relación de La Muerte y el Mísero con la 
Mesa de los pecados capitales saltaba a la vista. 
También en La Muerte y el Mísero se adivinaban 
gigantescas cabezas que contribuían con mucho 
al relato. Cristo, ante el cristal, sugería la luz del 
nuevo mundo, más allá de la habitación de 
miserias que es este mundo; y al mismo tiempo 
era ojo derecho de una gigantesca cabeza (1) 2267 
de rasgos humanos. Cristo marcaba la salida de 
emergencia del oscuro túnel de la vida, un túnel 
sin más luz al final del túnel que el abrasador 
fuego del demonio que espera impaciente sobre el 
lecho de muerte. Este demonio hacía de ojo 
izquierdo en la cabeza (1). La cortina frontal del 
dosel, recogida a la izquierda en bulto colgante, 
sugería la nariz. La cortina de la izquierda se 
alzaba puntualmente para sugerir la boca, por 
donde asomaba su cabeza y brazos un diabólico 
pez antropomorfo para ofrecer al moribundo una 
bolsa llena de pecados, o quizá recogerla: el dosel, 
con sus cortinas extendidas, era vehículo hacia las 
tinieblas, pues sumía al hombre en la oscuridad 

2267 #ahsBOSCOlamuerteC1

de la noche, incluso en pleno día. Cada ojo no 
solo veía; también iluminaba con la luz que le era 
propia: una era luz de luz, una luz vivificante, luz 
de esperanza y redención; la otra era luz de 
tinieblas, luz de horno, una luz abrasadora. El 
dosel sugería los ojos cerrados (2). El techo de la 
habitación, en arco ojival, delineaba el contorno 
de la gigantesca cabeza, y al mismo tiempo daba 
forma a la mitad superior de una gigantesca y 
piadosa cabeza de pez (3), con ojo de Cristo y 
oscura boca abierta tras el confiado e ignorante 
demonio, ignorante de su equivocada perspectiva. 
De las agallas de este pez surgía la Muerte, 
dispuesta a pescar al moribundo. La luz del 
demonio atraía al santo pez, que venía a limpiar 
los pecados del mundo 2268. Desde el otro mundo 
llegaba el santo pez para meter su cabeza en la 
del mundo, cueva que a todos trae de cabeza. Y, 
desde otra perspectiva, todo ocurría en el interior 
del gigantesco pez (4) .orientado ahora hacia el 
fondo., imagen de aquel que se tragó a Jonás. 
Ahora, la luz del reino de los cielos entraba por el 
ojo izquierdo del gigantesco atún rojo 2269, pues de 
tal color era la techada bóveda de su cabeza. En el 
arcón de su corazón almacenaba el pez 
.encarnada su alma en el moribundo. sus 
mundanales riquezas y su extensa lista de pecados, 

2268 Mateo 4 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

2269 wiki
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