
blancas vestimentas del Mago negro, y en particular a su alzado cuello. El ave adulta sobre la ofrenda del Mago negro, los adornos florales en su vestimenta, e incluso los polluelos sobre la corona de oro, y las ramas que coronaban al paje niño negro se reflejaban en el florido escudo de armas del donante masculino, en el panel izquierdo, escudo que incluía el busto de un caballo alado, sobre un yelmo 2246 y tres bustos equinos más pequeños. La escena en la parte inferior del panel izquierdo, en la que el donante masculino se arrodillaba para rendirle honores al Niño Dios, se proyectaba en la escena labrada en la ofrenda del Mago negro, donde un hombre se arrodillaba y rendía honores al rey David. En el panel derecho, el Bosco no sólo parecía relacionar el color grisáceo de unas paredes de roca .o tierra. con el color grisáceo de las vestimentas del Mago intermedio, en el panel central, sino que incluso transformaba las paredes en símbolo de su esclavina, por sentar allí a un cordero. La escena en la parte inferior del panel derecho, en la que la donante se arrodillaba para rendirle honores al Niño Dios, se proyectaba en la escena bordada en la esclavina, donde la reina de Saba se arrodillaba y rendía honores al rey Salomón. El Bosco invitaba al espectador a asociar las dos escenas, y así intuir la esclavina 2246 Efesios 6 vatican:[español latín] latinvulgate biblos

imaginaria y gigantesca del panel derecho, lo que le pondría a un paso de percibir la gigantesca cabeza (36) sobre la imaginaria esclavina. El Bosco, al confirmar sus ideas con su propia pintura, minimizaba el riesgo de que sus intenciones pasaran desapercibidas o fueran malinterpretadas. Así conectó el blanquecino incienso .en la ofrenda del Mago intermedio. y el blanco cordero .junto a la donante., a través del fuego en el que ambos eran sacrificados, convirtiendo al uno en símbolo del otro, escena que también aparecía en la esclavina. Ante semejante alarde de imaginación, no se podía descartar ni siquiera que el tríptico cerrado también diera forma a una cabeza, quizá la del Padre, pues aparecía el Hijo, y también la Madre, en espíritu, y en lacerado pecho, convertidos así los tres en símbolo de la Sagrada Familia, muy a propósito de la temática del panel central. Bajo el sepulcro, en los laterales, despertaban dos ojos oscuros (37), de mirada frontal, con cortinillas por anteojeras; y cerrados soñaban, en el altar (38) y en los candelabros (39); y en el escalón, de lado a lado, se cerraba la boca (40), que desde allí hacia abajo se abría en llanto (41). Cristo resucitado marcaba la frente de esta fantástica y gigantesca cabeza en secuencia (42); se erigía en el centro del cerebro, con materia gris de la Pasión, y angélica materia blanca. Y en lo alto de esta cabeza, en lo alto de este cerebro,