
/ Recemos ahora / para que este espejo pueda así fortalecer a todo hombre / para que al fin lleguemos puros ante Dios». La cara, espejo del alma, no parecía haber cambiado mucho en quinientos años. Los Magos de La adoración de los Magos se presentaban ante Dios con sus ofrendas, prefigurando así a todo hombre en el momento de presentar sus cuentas a Dios, en el día del Juicio Final, día en el que serán quemados el incienso, la mirra y hasta el oro, símbolos de los pecados del alma, del corazón y de la mente. De ahí que el Mago en primer plano llevara como ofrenda el sacrificio de Abraham: el Mago representaba al judaísmo, la religión que consumaría el sacrificio; el Mago, arrepentido, se arrodillaba e imploraba perdón. La figura de la Muerte, en la puerta de su propia casa, era la encargada de traer al hombre a la presencia de Dios: «Salgo a reinar en el mundo», decía la Muerte, que con justicia hacía suyas las riquezas de todo hombre. Las alusiones a la Comunión, al cuerpo y la sangre de Cristo, a los siete pecados capitales, a la puerta, a la Muerte, al tormento, al Juicio Final, a los ojos de Dios .que penetraban las conciencias. se podían también leer en las obras del Bosco. Para el anónimo dramaturgo flamenco del siglo XV, Dios y la Muerte eran Señor y siervo más que opuestos, lo que permitía una mejor integración de ambas figuras en el panel derecho de El jardín

de las delicias, del Bosco, también pintor flamenco y contemporáneo del anónimo dramaturgo. El Espejo de la Salvación de Todohombre invitaba a la audiencia a mirarse en la obra para ver su propio rostro reflejado en ella y contemplar el camino hacia la salvación. El Espejo se tenía bien ganado su posición en el título. Contemplé una imagen digital del tríptico abierto de La adoración de los Magos. Al igual que el panel central daba forma a una gigantesca cabeza, quizá los paneles laterales también lo hicieran .pensé., de colocar un espejo junto a ellos, a imagen de las cortinillas que el Bosco pintó a ambos lados del altar, sobre tríptico cerrado. Y, efectivamente, así parecía ocurrir: al abrir el tríptico de par en par y colocar un espejo a cada lado, en perpendicular al tríptico y centrados en él, no sólo aparecían esas dos gigantescas cabezas (35 y 36) .a izquierda y derecha, respectivamente., cuyas mitades el Bosco había pintado sobre cada uno de los paneles laterales, sino que además, al mirar el tríptico desde el otro lado, por detrás .que por algo el Bosco pintó hombres mirando desde detrás de la Virgen., aparecían los dos pechos de la Virgen, en los laterales, flanqueando a su vientre embarazado, visto todo desde el Altísimo .que por algo el Bosco pintó hombres mirando desde encima de la Virgen., tal y como los vería