luz cubre el cielo y la tierra». Y luego rogaba a la 
Virgen María para que le protegiera de la Muerte 
y del Infierno, y para que le permitiera caminar 
por el camino recto, y para que trajera sobre él el 
reino de su Hijo y poder imitarle en su Pasión. Y 
entonces Todohombre castigaba a su cuerpo, por 
haberle conducido por el camino de la perdición. 
Y con el castigo, la Virtud sanaba, y se unía a la 
Sabiduría para acompañar a Todohombre, vestido 
con sus Remordimientos, hacia Dios. Pero hacía 
falta llevar a otras tres grandes personas, decía la 
Virtud: la Prudencia, la Fortaleza y la Belleza; y 
también a los Cinco Sentidos, decía la Sabiduría. 
Todohombre hacía testamento: la mitad para la 
caridad, la otra mitad para donde mande la ley. La 
Sabiduría y los Cincos Sentidos le indicaban a 
Todohombre que antes de partir fuese primero a 
recibir de un clérigo los Sacramentos. Los siete 
sacramentos .Bautismo, Confirmación, Órdenes 
Sagradas, Eucaristía con el cuerpo y la sangre de 
Dios, Matrimonio y Extremaunción. eran la 
medicina de Dios para salvar a la humanidad. 
Todohombre se afirmaba en ir a recibir el cuerpo 
de Dios con amor y humildad. Mientras, los 
Cinco Sentidos reconocían el mérito y poder de 
los clérigos, y la Sabiduría recordaba las palabras 
de San Pedro, que condenó a quienes se 
enriquecían comprando y vendiendo a Dios, pues 
Dios crucificado no le vendió al hombre los 
Sacramentos, sino que se los dio. Todohombre

volvió, de recibir la Comunión y la 
Extremaunción, con el espíritu renovado; y todos 
se apresuraron a confirmarle que le seguirían 
hasta el final. «Si he de completar mi 
peregrinación entonces debo de descender a esta 
tumba y convertirme en tierra», decía 
Todohombre, preparado ya para su último viaje. 
Al escuchar estas palabras, la Belleza deshacía su 
promesa y abandonaba a Todohombre. La 
Fortaleza también se echaba atrás; Todohombre 
insistía; «Es inútil», respondía la Fortaleza, «entra 
tú en la casa oscura». La Prudencia también 
renegaba, y también los Cinco Sentidos: «no 
volverás a ver mi cara», le decían. Sólo la Virtud 
se comprometía a acompañarle en los momentos 
difíciles, ya fuera en vida, en la muerte, o en el 
tormento. La Sabiduría sólo le acompañaría hasta 
el momento que dejara de vivir. Y así llegaba 
Todohombre, acompañado sólo de su Virtud, a la 
oscura puerta de la casa de la Muerte, y de allí a 
los cielos, donde un ángel anunciaba la salvación 
de su alma gracias a su buena Virtud. La obra 
terminaba con un pequeño epílogo en el que el 
autor recordaba que: «[…] Belleza, Fortaleza, 
Prudencia, Cinco Sentidos, todo es pasajero; 
tened esto en cuenta […] ¡Oh, Todohombre, 
como puedes ser / orgulloso, envidioso! Muy 
estimada audiencia, / tomad este espejo; 
mantenedlo ante vuestros ojos / y permaneced 
lejos del orgullo / y también del resto de pecados.
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