extendido en el suelo. El brazo, que empuña una 
espada rota, parece pertenecer a un personaje de 
aspecto masculino, del que ha sido desgarrado a 
la altura de su hombro derecho con un corte 
limpio. El brazo se encuentra a una distancia 
considerable de la cabeza del hombre: les separan 
los cuartos traseros del caballo. Sorprende que el 
hombre no parezca tener ni cuerpo ni piernas sino 
tan solo cabeza y brazos. El caballo planta su 
rodilla tras la muñeca; y tras la mano que empuña 
la espada surge una flor. En el suelo, en primer 
plano, ante la pata trasera derecha del caballo, 
aparece la cabeza de este personaje masculino, 
orientada hacia arriba, con el cuello orientado 
hacia la derecha sobre el tobillo equino. El otro 
brazo, el izquierdo, parte hacia la izquierda desde 
la cabeza y llega con la mano abierta hasta el 
extremo izquierdo del cuadro. Este brazo, aunque 
no está unido al cuerpo por no haberlo, sí se une 
visualmente a la cabeza, de ojos dislocados, 
desencajadamente abiertos, de boca también 
abierta, todo lo cual, unido al general 
desmembramiento, sugiere que el personaje está 
más muerto que vivo. 

»6. Encima del brazo izquierdo, a muy poca 
distancia, aparece una mujer con un niño entre 
sus brazos. La mujer y el niño ocupan un espacio 
de anchura equivalente a la longitud total del 
brazo bajo ellos, y de una altura que llega hasta 
los dos tercios del cuadro. La mujer, con la

cabeza en una pose similar a la de la mujer en el 
extremo derecho del lienzo, parece clamar al 
cielo su dolor mientras sostiene entre sus brazos 
al niño muerto. La mujer tiene sus dos pechos al 
descubierto, como dos de los tres personajes 
femeninos en la mitad derecha del cuadro. La 
imagen de la mujer con el niño entre sus brazos 
induce a pensar que la mujer es la madre del niño. 

»7. La mujer y el niño aparecen entre los 
cuartos delanteros .a la derecha. y los cuartos 
traseros .a la izquierda. de un toro. La cabeza 
del imponente toro, cuatro veces más grande en 
superficie que la de la mujer, más que girarse se 
dobla papirofléxica hacia atrás, hacia su derecha, 
situando su barbilla justo encima de la nariz y del 
labio superior de la mujer. El toro no mira hacia 
la mujer sino más bien da la impresión de mirar 
con la vista perdida hacia la izquierda. La fría 
expresión del astado es de sorpresa. La mujer y el 
niño quedan completamente enmarcados por la 
figura del toro y por el brazo izquierdo del 
hombre. 

»8. En el espacio entre la cabeza del toro y la 
cabeza del caballo, un poco más al fondo, sobre la 
esquina de lo que parece una mesa, en la misma 
vertical que la cabeza del hombre en el suelo, hay 
un ave que abre su pico y orienta su cabeza hacia 
arriba, como imitando el gesto de las dos mujeres 
situadas en los laterales del cuadro. La cabeza, las 
alas y la cola del ave heredan de la pared del
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