otra a la derecha. Los ardientes árboles del fondo 
a la izquierda también sugerían ojos derechos de 
la cabeza (1), ojos que explotaban y, al explotar, 
expulsaban a demonios visuales, de los que 
ciegan la vista para no dejar ver esta cabeza, cual 
árboles que no dejan ver el bosque de imágenes 
del Bosco. También el brazo derecho de San 
Antonio Abad sugería una boca y una nariz en 
una cabeza (4) de piel y pelo de túnica beis clara, 
vuelta hacia a su izquierda, orientada hacia el 
espectador. Tenía el mismo verde cuerpo que la 
otra, y la capucha calada hasta los ojos, y una 
campanilla de pendiente en la oreja derecha, y la 
santa T entre ceja y ceja. Incluso la gigantesca 
cabeza evidente, en mitad del tejado de la casa de 
la derecha, cabeza de vieja con boca cerrada, 
daba forma a otra cabeza (5) de viejo, de amplio 
surco nasolabial y boca abierta bajo la barbilla de 
la otra, cabeza esta que requería de un especial 
esfuerzo visual para ser vista. Y aún vi más 
cabezas gigantescas, es esta casa, como 
aquella (6) con ojos en las ventanas y en las 
cabezas humanas, y boca en la barca, y lengua de 
perro extendida en las tablas. Incluso las ventanas 
del palomar sugerían vacíos ojos en una 
cabeza (7) con nariz de tejado de paja y boca en 
la ventana, cabeza que remitía al gigantesco 
cráneo, en el infierno de El jardín de las delicias, 
cuando la gigantesca cabeza de la vieja se 
asociaba con la de la figura hueca. Incluso los

ojos de la vieja eran carnales y siniestros ojos 
felinos de esta cabeza (7), que con estos ojos (8), 
orientada de perfil hacia la derecha, miraba de 
reojo al santo, y también al espectador. Hasta la 
boca de la vieja y la sombra bajo la barbilla 
sugerían ojos cerrados de estas cabezas, en 
secuencia con los otros .cabezas (9 y 10), 
respectivamente.. La secuencia se completaba 
al girar todas estas cabezas como en un mal sueño, 
o como en un mal parto, o como en el éxtasis de 
un sueño de placer, y quedar orientadas hacia la 
izquierda .cabezas (11).. De hecho, toda la 
secuencia parecía la de una cabeza choza 
esforzándose por parir a su cría, con aspecto de 
ternero .o de borrico, más que de león., que ya 
asomaba la cabeza en la cabaña de detrás. «Ven a 
mí: soy María», parecía insinuarle al santo la 
mujer desnuda a las puertas de la extraña casa. 
Justo ante la boca del sorprendido ternero cagaba 
un cagané, esforzado en parir su mierda. Un 
ventanuco abierto en mitad de la casa sugería otro 
ojo, ahora tranquilo: cuando se orientaba hacia la 
izquierda (12) miraba al santo; y se cerraba justo 
encima (13), en el tocado de la vieja, y también 
justo debajo (14), en la línea horizontal en la 
pared, manteniendo en ambos caso la neutralidad 
de su expresión; y hacia la derecha, tras despertar 
de su sueño .cabezas (15 y 16)., miraba al 
cagané .cabeza (17).. Al otro lado de la obra, 
en el otro conjunto de casas, un estrecho tejado
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1319 1320 1320 1320 1320 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1320 1321 1321 1321 1321 1321 1321 1321 1321 1321 1321