antropomorfa salida del mar, de torso humano y 
cabeza de sapo (2) hecha campana, de gigantesca 
boca abierta en baldaquino, de Cristo crucificado 
en la nariz, de vanos hombros en vacuas tablas de 
la ley y estómago en altar. Todo esto se podía 
deducir de las imágenes, pues sólo en ellas lo 
estaba leyendo. Y, como el círculo del Juicio 
Final de la Mesa de los pecados capitales, 
también la fachada de la catedral de Mallorca 
sugería gigantescas cabezas (3), algunas de 
macabro aspecto, como de cabra de cuernos 
latinos, retorcidos en filacteria, en el portal Mayor, 
de una cabra que mira con el Sol y con la Luna, y 
piensa con las estrellas, y habla en mallorquín, y 
se hace flanquear por otras dos cabezas, las dos 
tuertas, pues una no ve más que por el Sol, y la 
otra no ve más que por la Luna, cabezas estas tres 
que se unen a otras cuatro, de dos ojos por cabeza, 
uno a cada lado de la Virgen, en los templos, en 
las flores, en los árboles, en la fuente y en el pozo, 
sumando en total siete apocalípticas cabezas, las 
del dragón bermejo, esa serpiente antigua, que es 
el diablo y Satanás, bestia ante la que se erige la 
mujer preñada, entre el Sol .el Alfa. y la Luna 
.la Omega., tal y como lo describe el 
Apocalipsis, razón por la que las siete cabezas 
también simbolizarían las de la bestia salida del 
mar, que no las de la bestia salida de la tierra, con 
solo una cabeza, de dos cuernos como de cordero, 
detalle que la identificaría con la cabeza con boca

de escudo a los pies de la Virgen, puestos a 
completar la historia sellada con siete sellos en 
los siete pares de elementos que flanquean a la 
Virgen .los diez ya mencionados más otros 
cuatro, en la parte inferior, ciudad (en el Alfa) y 
castillo (en la Omega), espejo (en el Alfa) y 
cabeza de jardín (pantocrátor y tetramorfos 
vegetal, en la Omega)., si bien también podría 
ser que la bestia salida de la tierra tuviera sus ojos 
en las plantas salidas de la tierra, pues la bestia 
salida del mar los tenía en el Sol y la Luna, que 
salen del mar, al menos en la isla de Patmos, 
donde se dice que San Juan el Evangelista 
escribió el Apocalipsis. Y aún pude adivinar más 
cabezas, muchas tuertas, por no mentar todas 
aquellas que en el fondo tenían ojos doloridos, 
cerrados entre las piedras. Y puestos a completar 
de una vez la historia, podía suponerse que en 
este mejunje de cabezas también aparecían las de 
otros personajes principales del Apocalipsis, tales 
como el tetramorfos .águila evidente, sobre la 
cabeza de la cabra, ahora buey; el hombre y el 
león a discreción., o el Cordero. Con estos 
precedentes no era de extrañar que, una vez al 
año, la catedral de Mallorca abriera su boca de 
poniente para hablar con luz y decir: «Cave, cave, 
dominus videt». 

Las escenas de la Pasión, dispuestas entre dos 
círculos concéntricos en torno a la escena del 
águila con sus polluelos, en el reverso de San
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