sólo el paño de pudor, Cristo se llevaba la mano 
derecha a la cintura para mostrar tanto la herida 
de su mano como la de su costado. El codo 
izquierdo aparecía pegado al cuerpo, a la altura de 
la cintura, elevándose desde allí el antebrazo y la 
mano. Las piernas quedaban ocultas en el interior 
del sepulcro. Las escenas de los pecados capitales 
se unían como celdas, en círculo, en torno a este 
Sol radiante 1993. Y los personajes en las celdas, 
encerrados en la física de sus miserias, ignorantes 
del espacio metafísico existente más allá de los 
barrotes de su cárcel de pecado, ajenos a la 
dimensión espiritual perpendicular al plano de la 
obra .dimensión de la que sí se mostraba 
consciente Cristo., orientaban sus pies hacia el 
exterior y sus cabezas hacia el interior de su 
círculo vicioso. 

1993 abc 

Parecía evidente que esta imagen de Cristo 
como Varón de dolores indicaba la orientación 
correcta de la obra, orientación que seguían los 
otros cuatro círculos y las dos filacterias. Carecía 
de sentido observar esta imagen del revés, o 
desde los lados: hacerlo con el fin de poder 
disfrutar de la contemplación de los pecados 
capitales significaba priorizar el mal sobre el bien, 
dar más importancia al pecado que a la redención 
del pecado, lo que sin duda era a su vez un 
pecado que debía tener asociada su penitencia. Y

prueba de esto era el castigo que recibía quien 
intentaba contemplar la obra en su actual 
disposición horizontal, pues tenía que doblar 
tanto la espalda y hacer tales equilibrios sobre las 
puntas de sus pies que no era poco el riesgo de 
contraer lumbalgias, o aún peor, de caer sobre la 
obra en un desliz, poniendo no sólo en riesgo la 
salud propia sino la de la tabla del Bosco. Y no 
terminaba aquí el castigo, pues a estos dolores de 
espalda había que sumar los oculares, fruto de 
tantos y tan cegadores fogonazos procedentes de 
los reflejos que sobre el cristal producían las 
luces de la sala, reflejos que además de convertir 
en un martirio la contemplación de esta obra 
restaban capacidad visual al visitante para la 
contemplación de otras. Y pobre de aquel que 
quisiera estudiar con algo más de detalle la Mesa 
de los pecados capitales, porque, de tantas 
vueltas como estaba condenado a dar, y de 
imágenes como las de la escena de la gula .que 
mezclaba ingesta y excreción de alimentos., 
condenado estaba a acabar mareado sin remedio y 
con el estómago revuelto. 

 No, no eran estas las condiciones más 
adecuadas para la contemplación y estudio de este 
cuadro, al que un último castigo nos obligaba a 
llamar Mesa de los pecados capitales 1994. El 

1994 LEY 46/2003, de 25 de noviembre, reguladora del Museo 
Nacional del Prado, Boletín Oficial del Estado (número 283,
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