
emplazó en su alcoba, en el Monasterio de El Escorial: «[…] en el aposento de su Ma gestad donde tiene vn caxon co libros como el de los religiosos, està vna tabla y quadro excelete, tiene en medio y co mo en el cetro, en vna circuferecia de luz y de gloria, puesto a nuestro Rede tor: en el cotorno està otros siete circu- los en que se veen los siete pecados ca pitales con que le ofenden todas las criaturas que el redimio, sin cosiderar que los està mirando y que lo vee to- do» 1984. 1984 Tercera parte de la Historia de la Orden de San Geronimo Doctor de la Iglesia. Dirigida, Al Rey nuestro Señor. Don Philippe III. Por Fray Ioseph de Siguença, de la misma Orden (Madrid, 1605), de fray José de Sigüenza (Sigüenza, 1544 R El Escorial, 1606), Biblioteca Nacional de España (AHMO/172252), Madrid. Libro IV, Discurso XVII, página 837 y siguientes. bne:[obra catálogo] Felipe II envió esta tabla y cuadro excelente al Monasterio de El Escorial en 1574, como parte de la primera de las entregas masivas de objetos artísticos destinados a embellecer y dar vida a las frías y pétreas salas del Monasterio. El documento de la primera entrega, fechado el 15 de abril de 1574, describe .según reprodujo

Fray Julián Zarco Cuevas 1985 en su libro de 1930. esta obra del Bosco como: 1985 Inventario de las alhajas, pinturas y objetos de valor y curiosidad donados por Felipe II al Monasterio de El Escorial (1571 R 1598) (Madrid, 1930), publicado por el R. P. Fr. Julián Zarco Cuevas, Agustino, de la Real Academia de la Historia, Biblioteca Nacional de España (1/81001), Madrid. bne:[catálogo] «Una tabla en que está pintado los Siete pecados mortales, con vn cerco redondo, y en medio dél la figura de Christo nuestro Señor; y a las quatro esquinas de la tabla otros quatro círculos en que está pintado: en vno la muerte, en otro el juicio, en otro el infierno, en el otro el parayso; de mano de Gerónimo Bosqui, que tiene quatro pies de alto y cinco de ancho». Tampoco aquí se hablaba de mesa. Sin duda, la disposición centrífuga de las escenas en el círculo inducía a engaño. «Así es la evidencia, siempre aparente, motor de los pecados. Solo Cristo, cual divino freno, puede detener el motor del mal», parecía afirmar el Bosco, que hizo, de su tabla, cebo: el ser humano, al negarse a reconocer sus limitaciones, en su afán de querer verlo todo, trataba una vez más de imitar a Dios; y, al hacerlo, mordía de nuevo el anzuelo del pecado original. Condenada está la débil aldea del alma humana a sufrir los constantes saqueos de los pecados