grabado, en el universo mundo, abría de par en 
par las puertas de su mente celestial para mostrar 
su divina conciencia, sus ojos concentrados en las 
radiantes y ventosas nubes .cabeza (21)., y 
abiertos en los santos .cabeza (22)., San Juan 
arrodillado en las santas y nubosas narices. El 
Bosco parecía sugerir hasta las cabezas de los 
veinticuatro ancianos, imitando la disposición de 
Durero, doce a cada lado, dotándolas de la misma 
forma esférica asociada a la cabeza del divino ser 
de jaspe y de sardio. Las veinticuatro cabezas, de 
tono azul celeste, coronaban dos gigantescas 
láminas doradas, semejantes a dos mitras de oro, 
símbolo de las coronas. Se podían intuir hasta las 
llamas y los antropomorfos cuatro vientos. Todo 
ocurría en un espacio reducido, sobre la 
construcción símbolo del ojo derecho de Dios (1), 
un lugar del todo significativo por ser receptor de 
múltiples e importantes interpretaciones. El 
Bosco eligió a conciencia este lugar, que incluso 
se prestaba a relaciones geométricas de peso: si la 
línea recta imaginaria que partía de la esquina 
inferior derecha del tríptico y pasaba por el dado 
pequeño coincidía con la diagonal del tríptico, la 
línea que partía desde esa misma esquina y 
pasaba por el dado mayor llegaba hasta el ojo 
derecho de Dios, hasta la escena del Apocalipsis 
codificada por los números del dado. Y también 
llegaba hasta ese punto la línea que unía las dos 
ranas, una sobre el hombre vestido de rojo, la otra

sobre la mujer desnuda bajo el trono, ambos en el 
panel derecho. Y si el dado mayor apuntaba con 
el cuatro, el dos y el cinco hacia el Apocalipsis, 
capítulo cuatro, versículos del dos al cinco, 
entonces, el dado menor, situado más abajo y en 
la misma vertical, bien podría apuntar al Génesis, 
que por alguna razón el dado menor aparecía 
sobre una mano en bendición, como la de Dios 
Hijo en el panel del Génesis, y no en vano allí 
comenzó la historia que desde entonces no hizo 
sino crecer y crecer, de dado menor a dado mayor. 
Busqué el texto del Génesis al que apuntaban los 
números del dado menor. Génesis 5, 1-3: «1Este 
es el libro de las descendencias de Adán. El día 
que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios 
lo hizo. 2Macho y hembra los creó y los bendijo. 
Y llamó el nombre de ellos Hombre, el día que 
fueron creados. 3Y vivió Adán ciento treinta años, 
y engendró hijo a su semejanza, conforme a su 
imagen, y llamó su nombre Seth». «Este es el 
tríptico de las descendencias de Adán», estaba 
diciendo el Bosco, con El jardín de las delicias. 

Tanto en la calavera a los pies de El 
Descendimiento, de Roger van der Weyden, 
como en estos dos dados de El jardín de las 
delicias, los números conducían a un mensaje 
convincente, coherente con lo representado. Y así 
ocurría tanto cuando los números se identificaban 
con la división actual de capítulos y versículos 
del Génesis y del Apocalipsis, como cuando los
16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1229 1229 147 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2