
del Museo del Prado, inaugurado como Museo Real de Pinturas el 19 de noviembre de 1819, según rezaba el escueto pie de foto. La imagen de Los fusilamientos y el hastío que me producía una historia incomprensible, llena de reyes y de guerras, y de políticos y de más guerras 65, me hizo abandonar mi cuarto sin rumbo fijo. Solo como estaba en casa, vagué por el pasillo hasta llegar al sofá del salón y en él me dejé caer. La realidad me pesaba como una losa. Frente a mí, a unos pocos metros, miré mi imagen reflejada en la pantalla apagada del televisor, sustrato a su vez de un amplio jardín de flores de porcelana, de piedra, de hierro forjado, de madera… cada cual recuerdo de un país distinto, flores que con los años habían ido creciendo en número, sobre el televisor, cual hojas de laurel que coronaran aquella fuente de entretenimiento, cúspide de la tecnología del hogar. Sabedoras de no merecer tales favores, y en un intento agónico por disimularlo, las pantallas del futuro crecerían famélicas, telencefalopáticas y espongiformes. 65 elpais Me incorporé con desgana, caminé hasta el televisor y lo encendí. Las imágenes en blanco y negro tardaron unos segundos en aparecer nítidas. Atendí por un momento al programa de turno. Lo que vi tampoco me sacó de mi sopor. Sin demasiadas esperanzas, pulsé el tosco botón a la

derecha del aparato y cambié de canal. Y así fue como, sin haber despegado aún el dedo, con la pantalla a sólo tres palmos de mi cara, llegó la sorpresa. Con la expresión de incredulidad de quien descubre de pronto un tesoro, sin apartar los ojos ni los oídos del televisor, busqué a tientas la mesa baja situada a tan solo un metro tras de mí y allí me senté, y allí permanecí inmóvil, sin pestañear, no sé cuántos minutos, contemplando maravillado aquel ascético espectáculo musical, en el que un hombre, un anacoreta de la música rodeado de instrumentos, generaba melodías hipnóticas. Era un tal Mike Oldfield interpretando lo que un rótulo denominaba Tubular Bells 66. La obra me motivó de tal manera que incluso me las ingenié para tomar prestada por un tiempo una vieja guitarra española, sin saber siquiera cómo tocarla, sólo por intentar reproducir aquella música y participar del espíritu que destilaban sus imágenes. 66 Tubular Bells (1973, Virgin Records), de Mike Oldfield (Reading, 1953). Fue el primer LP de Mike Oldfield y también el primero de Virgin Records. mikeoldfield wiki youtube Esta especie de descubrimiento musical televisivo se volvió a repetir en otras tres ocasiones a lo largo de mi adolescencia, y exactamente de la misma forma. La primera fue con un video en el que un hombre sentado sobre un taburete alto, en mitad de un estudio, tocaba