
obra; simplemente la crea 1892. Y entiéndase esto bien: el artista, cuando es un gran maestro, no necesita explicar su obra a posteriori, pues ya la ha explicado a priori, al crearla, al incluir en ella todas las claves necesarias para su correcta interpretación. Es en este sentido que se puede afirmar que la obra maestra no requiere de la explicación de nadie para ser entendida, pues encierra en sí misma su propio manual de interpretación, explicación imprescindible para el aprendizaje, puesta allí por el artista, que es quien en última instancia explica su obra al espectador. Así es el arte. La obra maestra no requiere de la explicación de nadie para ser entendida, pues es autoexplicativa, en el sentido antes mencionado; y en esto es igual a la bazofia, que no requiere explicación por ser obra indefinible, no definible más que como bazofia. Aun así, por más que el maestro dote a cada una de sus obras maestras con su propio manual de interpretación .referencias externas incluidas, a otras obras, por ejemplo., para que sean autoexplicativas, solo el agraciado con la sabiduría necesaria podrá desatar los siete sellos y abrir el libro de la interpretación 1893. Obra maestra del Creador es el 1892 Mateo 13, 10-13 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Marcos 10, 10-12 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Lucas 8, 9-10 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 1893 Isaías 11 vatican:[español latín] latinvulgate biblos

universo mundo: la fe y la razón son sus profetas y sabios intérpretes. Cada maestrillo tiene su librillo. La acertada interpretación del espectador sublima la obra del verdadero artista, que por eso calla. La interpretación del falso artista hundiría aún más su bazofia de obra; y por eso calla. Y al revés pasa con los falsos críticos, que con sus falsas palabras matan las obras maestras al tiempo que dan vida a las inmundas. La interpretación de obras maestras no puede confiarse a intermediarios sin escrúpulos, ni a políticos o gestores, más preocupados por esquilmar las arcas públicas. Si acaso, toda ayuda destinada a la interpretación de obras de arte debiera fluir directamente, de los particulares y empresas privadas, a las personas que hubieran hecho méritos sobresalientes en tal campo; y no debiera haber partidas públicas destinadas a este concepto, pues hecha la ley, hecha la trampa que tiende el demonio con el fin de erigirse en jefe de pista del circo de lo público para apropiarse de dineros y méritos ajenos y continuar viviendo del cuento del «yo te lo cuento». Y algo similar podría decirse de otras ramas de la cultura, si no del árbol al completo. LA VIRGEN Y EL NIÑO ENTRONIZADOS, CON CUATRO ÁNGELES (H. 1495), DE QUINTEN MASSYS Dejé de divagar y regresé al análisis de las Madonnas. En la Madonna y el niño junto a la