
con Picasso, nada menos, del que no se exhibe al completo el Legado Picasso de 1981. Y qué decir de aquellos que, apropiándose indebidamente del subjetivo objetivo de exhibir ordenadamente las colecciones «en condiciones adecuadas para su contemplación y estudio» 1886, prefieren amontonar las obras en archivadores subterráneos y con ello privar a los espectadores de su contemplación, aun estando radiantemente vacías las paredes del museo: un cuadro que no se exhibe presenta unas condiciones de contemplación y estudio nulas y, por tanto, siempre menores que el mismo cuadro expuesto, por muy lejos que se coloque de la vista del espectador, y por más cerca que se coloque del cuadro vecino. Y luego están «los debates sobre el bajo nivel de la educación, de cómo la institución se ve Rforzadar a dirigirse a un espectador cada vez menos preparado» 1887. Afirmaciones como esta pecarían de ignorancia y de soberbia si se probara que el museo no entiende las obras de arte que custodia, máxime cuando son los museos los que viven gracias al dinero que sale del bolsillo de los espectadores y contribuyentes a los que lanza esta crítica. El que 1886 Museo Nacional del Prado, Madrid. museodelprado google 1887 Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. museoreinasofia

los ciudadanos no entiendan el arte que albergan sus museos es culpa de las instituciones públicas, más que de ninguna otra institución o persona; como es culpa del sistema educativo el que los escolares no aprendan las lecciones. Los museos son los principales intermediarios entre el arte y la sociedad, como los profesores lo son entre el saber y la sociedad. Y la sociedad tiene derecho a exigir intermediarios competentes que les provean de los mejores productos, listos para el consumo, que para eso la sociedad les paga lo que les paga. Pretender que los espectadores lleguen al museo habiendo aprendido por su cuenta todo lo referente al arte que allí se expone es como pretender que la gente lleve su propia taza, cucharilla, agua, azúcar y café molido a las cafeterías, para hacerse ellos mismos el café, y encima tener que abonarlo. El trabajo del camarero en la vida real no es tan gratificante, ni está tan bien pagado. De entre todas las extrañas frases que pude leer en las declaraciones de objetivos de los museos, hubo una que me pareció antológica. La tuve que releer varias veces por no creer mis ojos lo que veían: «el conocimiento no es necesario para enseñar, ni la explicación imprescindible para el aprendizaje» 1888. ¡Madre del amor hermoso! Así 1888 Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. museoreinasofia elpais