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repercutiendo a la baja en las funciones, salario y prestigio de los equipos directivos y demás miembros en nómina. Además, si los cuadros permanecieran siempre en el mismo lugar, se haría innecesaria la figura del comisario de exposiciones temporales, pues no habría exposiciones temporales, tal y como las conocemos hoy en día. La inmovilidad de las obras afectaría incluso al presupuesto de los equipos de conservación, que tendrían menos trabajo, por deteriorarse menos las obras. Y también disminuirían las ganancias de las empresas especializadas en el tejemaneje de tesoros artísticos .en la Guerra Civil no hilaron tan fino., y se reducirían los beneficios de las aseguradoras. En definitiva, que lo mejor para la salud de los cuadros, el reposo absoluto, resultaría nefasto para quienes viven del amor al arte. En cualquier caso, no parece del todo honesto argumentar que el constante trasiego de obras entre los museos se deba a un deseo natural de estas entidades por que sus obras puedan contemplarse en su máximo esplendor en otras partes del mundo, ya que, de ser así, a día de hoy estarían disponibles gratuitamente en Internet todos sus fondos, todas las obras de sus colecciones, digitalizadas a la más alta resolución posible 1884, y perfectamente documentadas. Por 1884 elmundo

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poder, los museos podrían incluso destinar salas con pantallas gigantes de alta resolución y en tres dimensiones para sus exposiciones temporales virtuales, pantallas que proyectarían fotos o videos digitales, por lo que no sería necesario mover de su emplazamiento las obras originales. De esta manera, el visitante podría pasear virtualmente por otros museos del mundo, sin moverse de su ciudad, o del sofá de su casa, o del bar de la esquina, y disfrutar así, totalmente gratis, de la versión digital de su obra favorita a tamaño real e incluso ampliada, con apariencia hiperrealista, sin importar el lugar en el que residiera la pieza. No he visto textos más retorcidamente indescifrables como aquellos en los que los museos detallan sus objetivos, como si único objetivo claro fuera el de no dejar claro sus objetivos. Algunas de sus pretensiones son tan antinaturales que más parecen proteger ciertos intereses particulares del museo que el interés general de la sociedad. Y los hay tan rebuscados que incluso parecen contradecirse. Lo que debiera ser ejemplo de claridad y concisión resulta serlo de todo lo contrario. Paradójico es hablar de «dar voz, y escuchar, al que no la tiene» 1885 cuando ni siquiera se escucha al que la tiene, como ocurre 1885 Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. museoreinasofia

16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.elcultural.es/noticias/CINE/5745/El_Prado_en_ultra_alta_definicion 16 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.museoreinasofia.es/museo/mision.html