
de la fantasía, en el tríptico del Bosco: el acetre, el hisopo, el incensario, la columna de azotes, con la cuerda enroscada cual serpiente… Hasta di con un tapiz flamenco de la misa 1799, de principios del siglo XV, adquirido por Felipe el Hermoso, duque de Borgoña, y Juana I de Castilla, su mujer, como regalo para Isabel la Católica, madre de Juana. 1799 La misa de San Gregorio (Bruselas, hacia 1500-1502; tapiz; 342 cm × 407 cm), diseño atribuido a Colyn de Coter .o círculo., y tejido para .o en el taller de. Pieter van Aelst hacia 1502-1504, Patrimonio Nacional, Palacio Real de Madrid, Madrid. metmuseum 1800 Liber beati et laúdabilis viri Gregorii pape urbis Rome de vita atque virtutibus (primer cuarto del siglo IX), Codex 567, Stiftsbibliothek, San Galo. cesg google:traductor La leyenda 1800 en torno a la misa de San Gregorio, la leyenda literal, no era tan vistosa como lo había sido su representación artística, muy liberal a este respecto, lo que reforzaba la tesis de que el Bosco la hubiera hecho suya en El jardín de las delicias, donde la fantasía interpretativa habría alcanzado su apogeo, por razones obvias. La leyenda literal era muy sencilla de resumir. Estando Gregorio I celebrando la eucaristía, llegado el momento de dar la comunión, se le acercó una mujer que sonrió al escucharle pronunciar las palabras «el Cuerpo de Nuestro Señor Jesús Cristo» referidas al trozo de pan que iba a recibir en comunión, pan

que ella misma había elaborado, como era costumbre en aquella época. Ante este gesto, el Papa reaccionó negándole la comunión y llevándose el pan al altar, donde lo depositó hasta el final de la misa. Al acabar los santos oficios, el Papa llamó a la mujer y le preguntó por la razón de su actitud, a lo que la mujer contestó que dudaba de que Cristo pudiera estar en un pan que ella misma había amasado y cocido. Tras escuchar estos motivos, el Papa rezó, lleno de fe, y tras la oración le mostró a la mujer el pan, que ahora parecía sangrar, y le dijo: «Quien coma de mi carne y beba de mi sangre alcanzará la vida eterna, y yo le resucitaré en el último día» 1801. Y con estas y otras palabras del Evangelio de San Juan logró el Papa que la fe volviera a la mujer, que desde entonces recibió la comunión como es debido. 1801 Juan 6, 54 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Aquella visión de Cristo resucitado se proyectó, en el universo del arte, como Varón de dolores rodeado de los Arma Christi, instrumentos y personajes alegóricos a la Pasión. La iconografía variaba al gusto del pintor, aunque en esto, como en todo, también parecía haber escuelas. La misa de San Gregorio fue un asunto frecuente en la pintura flamenca. En la Capilla Real de la Catedral de Granada encontré una