
obra 1788., cuando reflexionaba sobre alguna extraña interpretación de El jardín de las delicias. Ni siquiera me sentía con derecho a rechazar aquella que convertía a la figura hueca en almirante, a lo Cristobal Colón. No se podía negar ni la mayor. 1788 «o, mejor dicho, la huella […] en su obra» fue escrito el 8 de marzo de 2014. Justo al terminar de escribir la frase, a eso de las 18:00 horas, explotó con gran estruendo un petardo en la calle; y causó gran huella en quienes lo oyeron, si bien no tardó en desaparecer. Al pensar en el insigne almirante, en el contexto de El jardín de las delicias, vino a mi memoria una pintura, una imagen de Santa Lucía, expuesta en la planta superior de la Casa de Colón de Las Palmas. De inmediato decidí echarle una ojeada a aquel cuadro y a otros de la misma colección de pinturas flamencas. Accedí desde el ordenador al catálogo de la Biblioteca. Introduje como claves de búsqueda los términos «casa colón las palmas». Obtuve cuarenta y nueve registros bibliográficos, de los que apunté sólo aquellos que creí podrían contener reproducciones de estas obras. Bajé hasta la sala Goya, entregué las fichas a los bibliotecarios y me hice con los libros.

MISA DE SAN GREGORIO Fui a encontrar la pintura de Santa Lucía 1789 en el primer libro que ojeé. La imagen era tal y como la recordaba, pues no era fácil de olvidar: una espada atravesaba, de lado a lado, el cuello de Santa Lucía mientras dos ojos solitarios, perfectamente alineados, como en una cara, miraban de frente y desconsolados desde la bandeja en la que yacían, sostenida por la mano derecha la santa, tapa a la vista. 1789 wiki 1790 google:[imágenes:[1 2] web:[1 2]] Atónito quedé al leer el texto descriptivo de este óleo sobre tabla. Perplejo quedé al descubrir que la tabla estaba pintada por ambos lados, y que en la parte posterior .que nunca se me había ocurrido mirar, por razones obvias. ilustraba una Misa de San Gregorio, obra que el libro mostraba junto a la de Santa Lucía, ambas del pintor flamenco Gumart de Amberes 1790. En la Misa de San Gregorio encontré un detalle que volvió a dejarme perplejo: una oreja solitaria flotaba en el aire, sobre la hoja de la espada que la había segado de su cuerpo, ante la imagen de Jesucristo. Nunca había visto nada más parecido a las gigantescas orejas separadas por el cuchillo de El jardín de las delicias. La oreja y la espada de la Misa de San Gregorio aludían al