
su sentido en la obra de un maestro 1783; porque, cuando un maestro vuelca en su obra su talento, sus conocimientos y su experiencia vital, el sentido de su obra, lejos de reducirse, se multiplica. En esto se reconoce a los maestros. 1783 elpais 1784 Juan 12, 44-46 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 1785 Hebreos 11, 1-3 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 2 Corintios 4, 18 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 1786 Juan 11, 45-54 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 1787 google Para interpretar la obra de genios vanguardistas como el Bosco, o Picasso, hay que pensar como ellos y no como uno mismo. Por eso, no se le pueden poner límites a la ya de por sí limitada imaginación de cada cual, que ha de morir para renacer libre de prejuicios y crecer más allá de barreras culturales, pues de ellas huyen las vanguardias como de la peste. El espectador ha de dejarse guiar por lo que tiene ante sus ojos 1784 y confiar ciegamente en el artista, y nunca perder la esperanza de arribar algún día al buen puerto de la verdad. Hay que mirar la obra con fe 1785, desde Miraphe 1786. La interpretación de El jardín de las delicias se me antojaba una labor gigantesca, titánica, inédita en la historia de la pintura 1787. «Nunca digas nunca jamás», parecía susurrarme al oído el espíritu del Bosco .o, mejor dicho, la huella de su espíritu, inmortalizada en su

obra 1788., cuando reflexionaba sobre alguna extraña interpretación de El jardín de las delicias. Ni siquiera me sentía con derecho a rechazar aquella que convertía a la figura hueca en almirante, a lo Cristobal Colón. No se podía negar ni la mayor. 1788 «o, mejor dicho, la huella […] en su obra» fue escrito el 8 de marzo de 2014. Justo al terminar de escribir la frase, a eso de las 18:00 horas, explotó con gran estruendo un petardo en la calle; y causó gran huella en quienes lo oyeron, si bien no tardó en desaparecer. Al pensar en el insigne almirante, en el contexto de El jardín de las delicias, vino a mi memoria una pintura, una imagen de Santa Lucía, expuesta en la planta superior de la Casa de Colón de Las Palmas. De inmediato decidí echarle una ojeada a aquel cuadro y a otros de la misma colección de pinturas flamencas. Accedí desde el ordenador al catálogo de la Biblioteca. Introduje como claves de búsqueda los términos «casa colón las palmas». Obtuve cuarenta y nueve registros bibliográficos, de los que apunté sólo aquellos que creí podrían contener reproducciones de estas obras. Bajé hasta la sala Goya, entregué las fichas a los bibliotecarios y me hice con los libros.