
panel izquierdo el paisaje relucía como nuevo, la tierra se cubría de verde, los bosques se erigían frondosos, el agua fluía fresca y limpia, como el aire, y las construcciones parecían fruto de la naturaleza. En el panel derecho ocurría todo lo contrario: la tierra, marrón y árida, carecía de vegetación; el ambiente era infernal; no había animales sino bestias; las aguas eran aguas fecales, cuando no heladas y sin vida; y no existían construcciones naturales, sino humanas, y completamente destruidas. En el panel izquierdo reinaba un Dios creador; en el panel derecho reinaba un infierno de destrucción. La bendición que Dios otorgaba a Adán y Eva, en el paraíso del panel izquierdo, se transformaba en apocalíptico castigo, en el panel derecho. El canto a la vida, en el Génesis, se transformaba en un canto a la muerte, en el Apocalipsis. El paraíso del bien, en el panel izquierdo, se transformaba en un infierno apocalíptico, en el panel derecho. Todo esto sugería que la riqueza significativa de la obra de arte fue una gran prioridad para el Bosco, si no la primera. Y para ejemplo, El jardín de las delicias, que sustenta su significación sobre sólidos cimientos, incólumes al paso del tiempo: del Génesis al Apocalipsis, toda la Biblia, ahí es nada. El barco capitaneado por quien hoy interpreta El jardín de las delicias navega por un fantástico e ilimitado océano de referencias magistrales en eterna calma. Qué mejor manera

de que el mensaje sobreviva al paso del tiempo que construirlo sobre textos sagrados, o conectarlo con otras obras maestras, o revelarlo a través de paralelismos visuales, dentro de la propia obra, o a través de relaciones geométricas, de rectas de trazados milimétricos. Todo este universo pictórico de relaciones dirigidas a enriquecer el significado de la obra, tanto como a permitir su correcta interpretación, no parecía haber sido diseñado por el Bosco con el solo fin de proteger sus derechos de autor 1782. Tal derroche de talento, tantas y tan diversas estrategias, orientadas a dotar de significado a la obra, no podían reducirse a meras fórmulas medievales, ingeniosamente elucubradas para hacer fracasar, en su intento de pasar por auténticas, futuras copias, o burdas imitaciones, que se limitaran a reproducir las formas sin entender las ingeniosas relaciones establecidas entre ellas. No: por encima de todo parecía existir un objetivo mucho más ambicioso, el de conseguir plasmar, en una sola obra de arte, la extraordinariamente compleja visión del Bosco en lo referente a la vida, a la Biblia y a cómo la historia de la pintura había abordado hasta entonces estos asuntos. No parecía haber nada gratuito en El jardín de las delicias. Si alguna lección se podía extraer de este tríptico era precisamente esa: toda pincelada tiene 1782 Génesis 3, 24 vatican:[español latín] latinvulgate biblos