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Todas estas referencias parecían claves destinadas a enriquecer la interpretación del tríptico, que en su interpretación más evidente sugería que la vida no ha sido concebida con fines hedonistas, y que la insensata búsqueda del placer a través de los sentidos, tal y como parecía proponer el panel central, conducía, o recibiría su correspondiente castigo, al final de los tiempos, en el panel derecho. Un animal, el caballo, que en el panel central se multiplicaba para formar parte de la cabalgata circular del placer, era la llave que abría la puerta a la interpretación del carrusel del tormento, cuyos horrores se mostraban en el panel derecho, carrusel en el que también participaba el animal, simbolizado por su cráneo. Las figuras humanas obligadas por las bestias a dar vueltas al son de la gaita, sobre la plataforma circular aposentada sobre la cabeza de la figura hueca, insistían en este significado. También se daba una correspondencia espacial y temática entre la parte derecha del panel central y la parte derecha del panel derecho: en el panel central, bajo los árboles frutales plantados en el extremo oriente, a la misma altura que las gigantescas aves agrupadas en el extremo occidental, un grupo de tres hombres desnudos recolectaban frutos de los árboles e incluso de una gigantesca fresa, y los compartían con sus parejas, tres mujeres, también desnudas. Esta plácida escena de merienda campestre contrastaba

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con aquella del panel derecho, bajo el toldo sostenido por el trono, donde tres hombres enfermos del estómago .así lo sugerían sus poses y esta relación. sufrían sus dolores, uno tumbado en su cama .con el sapo en el estómago., otro vomitando sus entrañas al pozo negro, otro defecando allí monedas, acompañados de una monja que atendía al que vomitaba, el resto de monjas tras el toldo. Las dos esquinas inferiores del panel central eran utilizadas como focos hacia los que se orientaban algunos de los personajes y objetos de los paneles contiguos. Así ocurría, por ejemplo, con las piernas de Adán, en el panel izquierdo, o con el tablón rectangular, en el panel derecho. Y había más ejemplos, algunos sorprendentes, como el del hombre que, crucificado en el arpa, orientaba su torso y sus piernas hacia la esquina inferior derecha del panel central con la misma asombrosa precisión de los dos casos anteriores. La composición de El jardín de las delicias deslumbraba por su complejidad y simbolismo. El ingenio del Bosco para construir imágenes a partir de otras imágenes no parecía tener límites. La nariz, la oreja, la boca y hasta el ojo cerrado de la cabeza (9), de la que brotaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, en el panel izquierdo, se hacían más que evidentes aun no habiendo sido pintados de forma explícita, sino mediante una ingeniosa combinación de algunos

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