
escribía el Bosco de forma explícita sobre la pupila del Ojo de Dios en la Mesa de los pecados capitales 1757. 1757 Mesa de los pecados capitales (finales del siglo XV; óleo sobre tabla; 120 cm × 150 cm), de Hieronymus Bosch, Museo Nacional del Prado (P02822), Madrid. patrimonionacional museodelprado:[obra El Bosco] wiki:[obra El Bosco] #ahsBOSCOmesa 1758 google:[imágenes web] M El Bosco insistía en pintar en El jardín de las delicias objetos iguales en esencia pero de tamaño claramente dispar. Por algún motivo situó en la misma vertical algunas de estas parejas de objetos. En el panel derecho había libros, orejas, dados, cuchillos, patines e incluso cartas sujetas a esta extraña relación. Desde la esquina inferior izquierda del panel tracé una línea que fue uniendo los objetos superiores hasta acabar en la esquina inferior derecha, y luego realicé el recorrido inverso pero uniendo los objetos inferiores. Las dos líneas formaron la letra «M» 1758. Hubiera intención o no, ahí estaba la inicial de Mors, la Muerte, réplica gigantesca de la minúscula «M», minúscula en comparación, grabada en la hoja de ambos cuchillos.

LOS SENTIDOS En el lado izquierdo del panel central, a media altura, el Bosco había pintado un apretado conjunto de aves, gigantescas en comparación con el resto de hombres y mujeres del panel. Las aves mostraban su perfil derecho, pues todas se orientaban hacia el interior del tríptico. El variado colorido de su plumaje invitaba a su contemplación. Ver las aves e inmediatamente asociarlas con el placentero sonido de su canto me pareció algo natural. El pájaro situado más a la derecha era un jilguero. En su pico portaba una mora. Con ella alimentaba a tres hombres de piel gris, que abrían sus bocas a la mora. Abultaba más el jilguero .que en el mundo real apenas alcanza los 14 centímetros. que los tres hombres juntos, si bien, de compararlo con su tamaño real, eran los hombres y toda la naturaleza del panel la que parecía haber sido reducida a tamaño diminuto. El Bosco era fiel a los colores reales del jilguero: máscara roja, garganta y mejillas blancas, coronilla negra, laterales de las alas marrones con extremos negros, luego amarillos, de nuevo negros. Sobre el jilguero se sentaba atravesado un hombre, reflexivo, codos en sus rodillas, puños en sus mejillas. Tras el jilguero asomaba un petirrojo igual de gigantesco, pintado con fidelidad a sus colores: anaranjado de frente a pecho, abdomen blanco,