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seis anillas metálicas divididas en dos grupos, uno con cuatro anillas .quizá como indicación del cuarto sello y el cuarto jinete. y el otro con dos .quizá en referencia a la Muerte y al Infierno.. Después de lo que había visto llover no podía sino cubrirme con el paraguas del Apocalipsis. LA CUEVA Allá donde mirara intuía relaciones entre las imágenes. Acodada a la puerta de la cueva, en la esquina inferior derecha del panel central, aparecía el símbolo de Eva .o de Adán y Eva. y del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal: el personaje portaba el fruto en su mano derecha y apoyaba su cabeza en su mano izquierda. En el panel derecho, a esa misma altura, aparecía el hombre desnudo ante el tablón, atravesada su mano derecha por un arma blanca, su mano izquierda apoyada en la cabeza. El estilete que traspasaba la mano derecha del hombre apuntaba horizontalmente tanto a la mano derecha de esta Eva como al fruto que portaba en esa mano: el fruto del pecado se transformaba en justiciera arma blanca. Así relacionó el Bosco a los dos personajes. Y para reforzar la relación, dibujó sus ojos derechos en la misma horizontal, en una línea paralela al estilete que atravesaba la mano del hombre. Quizá el hombre fuese Abel, en manos de Caín, o quizá fuese el propio Adán,

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que con esa misma mano tomó el fruto prohibido para comer de él, razón por la que el arma blanca atravesaría ahora su mano. Y aún existía otra relación más sorprendente. Los ojos de Adán, en el panel izquierdo, y los de este hombre, en el panel derecho, se relacionaban a través de una línea ciertamente singular, paralela a la que unía los dedos de las dos manos en actitud de bendición, cada cual en su panel lateral. Así se proyectaban Jesús y Adán, desde el Génesis, en el panel del Apocalipsis, bien para indicar las identidades contrarias, bien para sugerir los sufrimientos que azotaron a Dios Hijo y al ser humano, a causa del pecado original. La interpretación del tríptico se me antojaba complejísima. El Bosco no sólo parecía asignar una misma identidad a distintos personajes sino que también parecía asignar distintas identidades a un mismo personaje: la fantasía de la representación, las relaciones visuales y el relato bíblico justificaban que el hombre desnudo ante el tablón fuera símbolo tanto de Adán como de Abel. De hecho, tenía sentido que los dos personajes tras Eva .o Adán y Eva., en la cueva del panel central, fueran Caín y Abel. Ambos señalarían a su madre .o padres. para sugerir que eran sus hijos, y así identificarse a sí mismos. Este simbolismo reforzaría la idea de que los personajes en el panel central también eran hijos, pero de distinto aspecto, por nacer de

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