vida de quienes disfrutaban de las delicias del 
panel central, ajenos al día del Juicio Final. 

Como el cuchillo se clavaba en la mano, así se 
clavaba el arpa en el laúd, permitiendo a su vez 
pensar que el laúd sostenía al arpa como lo haría 
una mano justiciera que sostuviera el cuchillo con 
el que castigar a los hombres que en vida 
castigaron con sus manos la música y sus 
instrumentos. 

En la vertical de la mano arrancada en 
bendición y atravesada por el cuchillo, aparecían 
las dos jarras que flanqueaban por arriba y por 
abajo a la mano y al hombre. La posición de 
ambas jarras parecía imitar la de los gigantescos 
cuchillos que flanqueaban a la figura hueca, 
invitando así a relacionar las dos escenas. 

El Bosco sembraba de claves el tríptico y las 
regaba generosamente con sus óleos, con la 
esperanza de que algún día germinaran y dieran el 
fruto de la interpretación. Quizá por eso reforzara 
con otras líneas de referencia otros elementos 
principales, como la rana sobre el pecho de la 
mujer, rana a la que apuntaba la vara metálica que 
el personaje dentro de la zanfonía utilizaba para 
tocar una especie de triángulo musical con forma 
de campana; o la línea que unía dos diminutos 
dados sobre el tablero de backgammon, y que al 
extenderla llegaba hasta la diminuta hostia junto 
al cáliz caído, sobre la gigantesca lengua; o como 
el propio triángulo, instrumento del que colgaban

seis anillas metálicas divididas en dos grupos, 
uno con cuatro anillas .quizá como indicación 
del cuarto sello y el cuarto jinete. y el otro con 
dos .quizá en referencia a la Muerte y al 
Infierno.. Después de lo que había visto llover 
no podía sino cubrirme con el paraguas del 
Apocalipsis. 

LA CUEVA 

Allá donde mirara intuía relaciones entre las 
imágenes. Acodada a la puerta de la cueva, en la 
esquina inferior derecha del panel central, 
aparecía el símbolo de Eva .o de Adán y Eva. 
y del fruto del árbol del conocimiento del bien y 
del mal: el personaje portaba el fruto en su mano 
derecha y apoyaba su cabeza en su mano 
izquierda. En el panel derecho, a esa misma altura, 
aparecía el hombre desnudo ante el tablón, 
atravesada su mano derecha por un arma blanca, 
su mano izquierda apoyada en la cabeza. El 
estilete que traspasaba la mano derecha del 
hombre apuntaba horizontalmente tanto a la mano 
derecha de esta Eva como al fruto que portaba en 
esa mano: el fruto del pecado se transformaba en 
justiciera arma blanca. Así relacionó el Bosco a 
los dos personajes. Y para reforzar la relación, 
dibujó sus ojos derechos en la misma horizontal, 
en una línea paralela al estilete que atravesaba la 
mano del hombre. Quizá el hombre fuese Abel, 
en manos de Caín, o quizá fuese el propio Adán,
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