atravesaba la mano derecha del hombre; el 
cuchillo apuntaba hacia esa mano. La mano 
arrancada en bendición acompañaba en el 
sentimiento a la del hombre. Y tanto podía ser 
que la mano en bendición simbolizara a Dios Hijo, 
y los martirios que sufrió, y que el hombre fuese 
símbolo de Adán, e incluso de Jesús crucificado, 
descendiente de Adán, como que simbolizara lo 
contrario, es decir, que la mano arrancada en 
bendición al azar simbolizara al falso Dios Hijo, 
recibiendo en el infierno su castigo, y el hombre 
ajusticiado simbolizara al falso Adán del falso 
Dios Hijo, falso Adán por haber sido creado a 
imagen y semejanza del falso Dios Hijo, como así 
parecía apuntalarlo el arma blanca clavada en la 
mano de ambos. En este sentido, cada panel 
lateral reflejaría la imagen contraria del otro. 

El estilete y la mano del hombre, y la cabeza 
del hombre y su otra mano, parecían sugerir el 
efecto de los malos pensamientos, que se 
transformarían en cuchillos en el infierno, por 
haberse antes transformado en malos actos 
durante la vida, a través de la mano, por eso 
ajusticiada en el infierno. Las otras armas blancas 
del panel, que ajusticiaban a otras partes del 
cuerpo, heredarían de aquí su simbolismo. Y 
también era posible ver en todo esto, en el panel 
derecho, la torturada vida de los mártires, en 
imitación a la del Cristo, opuesta a la placentera

vida de quienes disfrutaban de las delicias del 
panel central, ajenos al día del Juicio Final. 

Como el cuchillo se clavaba en la mano, así se 
clavaba el arpa en el laúd, permitiendo a su vez 
pensar que el laúd sostenía al arpa como lo haría 
una mano justiciera que sostuviera el cuchillo con 
el que castigar a los hombres que en vida 
castigaron con sus manos la música y sus 
instrumentos. 

En la vertical de la mano arrancada en 
bendición y atravesada por el cuchillo, aparecían 
las dos jarras que flanqueaban por arriba y por 
abajo a la mano y al hombre. La posición de 
ambas jarras parecía imitar la de los gigantescos 
cuchillos que flanqueaban a la figura hueca, 
invitando así a relacionar las dos escenas. 

El Bosco sembraba de claves el tríptico y las 
regaba generosamente con sus óleos, con la 
esperanza de que algún día germinaran y dieran el 
fruto de la interpretación. Quizá por eso reforzara 
con otras líneas de referencia otros elementos 
principales, como la rana sobre el pecho de la 
mujer, rana a la que apuntaba la vara metálica que 
el personaje dentro de la zanfonía utilizaba para 
tocar una especie de triángulo musical con forma 
de campana; o la línea que unía dos diminutos 
dados sobre el tablero de backgammon, y que al 
extenderla llegaba hasta la diminuta hostia junto 
al cáliz caído, sobre la gigantesca lengua; o como 
el propio triángulo, instrumento del que colgaban
15 -2 -1 -1 +1 +1 +2 15 -2 -1 -1 +1 +1 +2